El éxito no se planifica. Lo que se planifica es el fracaso. El triunfo no necesita de preparación previa, porque todas sus consecuencias son deseables. Las consecuencias del fracaso, tan impredecibles como indeseables, sí necesitan de previsión.

La JCE está siguiendo el cronograma de actividades para organizar y ejecutar el proceso electoral. La tarea es de una importancia crítica para el país porque define las autoridades que nos gobernarán durante los próximos cuatro años.

La atención de toda la sociedad está volcada hacia lo  que hace o deja de hacer el organismo electoral. La preocupación bien fundada se mezcla con la especulación suspicaz.

La ocupación diligente en atender unas y otras está dentro de las tareas del organismo. La respuesta pronta a las sugerencias y a los cuestionamientos contribuye al fortalecimiento de la confianza.

El factor tecnológico constituye la mayor preocupación de los actores políticos y de la sociedad en general, porque se teme que la búsqueda de la rapidez deteriore la fiabilidad. Terminar rápido es bueno, pero terminar bien es mejor.

La JCE dispuso la realización de un conteo manual aleatorio para medir el buen funcionamiento del dispositivo de conteo automático.

La medida del conteo manual paralelo sin duda que contribuirá a darle al nuevo sistema mayor legitimidad. La coincidencia entre uno y otro debe eliminar la posibilidad de la desconfianza.

Lo que quizá no tiene planificado la JCE ni tampoco los partidos políticos es lo que pasaría si el conteo manual no coincide con el proceso automatizado. Conviene tenerlo claro, porque es una muestra.

En el caso de que una proporción importante de la muestra aleatoria presente discrepancias caerá un manto de duda sobre el resultado general de las elecciones.

¿Qué se haría? ¿Dispondrían el conteo manual en todas las mesas? Definirlo con tiempo es de suma importancia. Lo que se decida debe ser parte del reglamento que se aplicará durante y después del proceso.

El pensamiento positivo es importante, pero se sabe que el precavido vale por dos. Nadie parece estar planificando cómo enfrentar los indeseables imprevistos.