La calidad de un gobierno debería ser establecida mediante criterios objetivos.

En nuestra democracia, hasta ahora, los gobiernos se califican bajo criterios definidos por el calificador.

La subjetividad y los particularismos priman en el juicio.

La calificación dependerá como el poema de Campo amor del cristal con el que se mire. El oficialismo siempre se coloca a sí mismo en el cuadro de honor, mientras que la oposición siempre califica para reprobar.

Lo correcto sería que todos estuviéramos de acuerdo en el conjunto de variables que hacen de una administración un buen gobierno.

El Banco Mundial estableció unos criterios que pueden ser un punto de partida para una evaluación aceptada por todos.

Los criterios establecidos por el BM miden la posibilidad de que los ciudadanos puedan elegir a sus autoridades, la amplitud del ejercicio de libertades fundamentales como la de expresión, asociación y la existencia de una prensa libre.

También la probabilidad de que un gobierno pueda ser desestabilizado o cambiado mediante conspiraciones o actos violentos.

Además, miden la calidad de los servicios públicos, de formulación de políticas y la independencia de las presiones partidarias.

Incluyen variables como la capacidad de la administración para establecer reglamentaciones que favorezcan el desarrollo de las actividades privadas.

Así como también el grado de confianza de los ciudadanos en las normas y las instituciones que garantizan su cumplimiento o las penalidades por su transgresión. Por último, y no menos importante, los niveles de impunidad y corrupción.

Todas estas variables se resumen en los siguientes seis criterios básicos de buen gobierno: voz y rendición de cuentas, estabilidad política y ausencia de violencia, eficacia de gobierno, calidad normativa, imperio de la ley y control de la corrupción.

El Banco Mundial califica estos seis criterios para establecer la calidad de un gobierno.

Los resultados de República Dominicana en la última medición que corresponde al año 2014 nos otorga notas mediocres en cinco indicadores y realmente pésima en el indicador sobre control de la corrupción.

El ochenta por ciento de los doscientos países medidos tienen mejor calificación en la materia.
Los ciudadanos y el propio gobierno deben tomar en serio estos indicadores.