El Senado mandó a comisión la solicitud para escoger a José Ignacio Paliza, senador del PRM, como representante de la segunda mayoría en el Consejo Nacional de la Magistratura.

La decisión fue motivada con argumentos con apariencia de prudentes, pero que no tienen ninguna base legal.

El presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, justificó el envío a estudio para analizar las posibles consecuencias jurídicas de la decisión; pero, ¿qué consecuencias jurídicas negativas puede tener cumplir la Constitución?

 El artículo 178, numeral 3, que trata sobre la integración del Consejo Nacional de la Magistratura dice: “un senador o senadora escogido por el Senado que pertenezca al partido o bloque de partidos diferente al del Presidente del Senado y que ostente la representación de la segunda mayoría”.

La condición de segunda mayoría tiene el mismo origen que la mayoría primaria, la decisión en las urnas del pueblo soberano. El voto decidió que el Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Revolucionario Moderno sean primera y segunda mayoría, respectivamente.
El llamado a considerar las opciones del senador José Hazim Frappier o la del senador Pedro Alegría no debió detener la escongencia por no ostentar estos legisladores la condición de representar la segunda mayoría.

El argumento del senador Arístides Victoria Yeb que considera como un bloque unitario y mayor el constituido por Pedro Alegría, Amable Aristy Castro y Félix Vásquez es indefendible. El propio reglamento del Senado en su artículo 114 sobre la integración de los bloques paratidarios tiene la respuesta cuando dice: “Los  bloques  partidistas  están  constituidos  por  uno  o más senadores pertenecientes a un mismo partido o agrupación política”.

La decisión de envíar a comisión este tema sin duda parece un injustificado regateo o una táctica dilatoria para reconocer al principal partido de oposición un derecho ganado en la urnas.

El comportamiento exhibido en todos los temas relacionados con la institucionalidad pone en evidencia un apetito insaciable de control político que debería encender el botón de pánico en las conciencias de todos los que creen en una democracia respetuosa de las minorías.