La lucha por el control de Ramadi trasciende su importancia geográfica. La ciudad, de medio millón de habitantes situada a meros 115 kilómetros de Bagdad, la capital iraquí, se ha convertido en la posición más cotizada en la guerra librada entre el Estado Islámico (EI) y el gobierno iraquí, respaldado por Estados Unidos y una vasta alianza de países occidentales y árabes.

Semanas atrás fueron arriadas las banderas negras de los yihadistas. Tras meses de combates, los últimos focos de resistencia de las tropas fundamentalistas se escabulleron en una bien planificada retirada.

Así el ejército regular iraquí pudo proclamar una victoria largamente ansiada. Es un triunfo que, si es consolidado, puede marcar el comienzo del fin del proclamado califato del EI. Esto es la construcción de un Estado unificado, con control territorial, en buena parte de Siria e Irak como punto de partida para dominar el conjunto del Medio Oriente y el Norte de África.

La batalla por Ramadi ha tenido altos y bajos y ha dejado miles de muertos en casi dos años de enfrentamientos. En forma gradual, desde el 2014, el EI cercó la ciudad hasta que en mayo los yihadistas aprovecharon una tormenta de arena para lanzar una ofensiva final y capturarla. La polvareda les dio cobertura de los permanentes bombardeos estadounidenses.

Tan importante como la captura de la ciudad fue la potente señal de incapacidad tanto de Estados Unidos como del gobierno iraquí. Los fabricantes de aviones de última generación subrayan que sus máquinas operan en toda condición climática. No fue el caso, pues la tormenta de arena ocultó a los atacantes.

El ejército iraquí una vez más experimentó un colapso logístico. Las tropas que defendían Ramadi, entre las que destacaba su División Dorada, considerada la mejor, agotaron sus municiones y los que pudieron huyeron de desbanda. La batalla dejó 500 muertos entre uniformados y civiles. Al desnudo quedó la enorme corrupción del gobierno de Bagdad.

No solo había un desvío masivo de recursos públicos sino que muchos efectivos que figuraban en las nóminas de pagos no estaban presentes en los frentes de combate. Fenómeno que en la administración argentina llaman ñoquis y que alude a quienes aparecen los días 29 de cada mes a cobrar sus sueldos.

La conquista de Ramadi por parte del EI causó pánico en el resto de Irak. De inmediato el gobierno prometió que recuperaría la ciudad en cuestión de semanas. Tardó un semestre, pero lo ha logrado y ahora promete ir por Mosul, la segunda ciudad más importante del país.

La imagen del EI ha quedado deteriorada. Ahora los yihadistas son los que están obligados a tomar la iniciativa para proteger su imagen de vencedores. En una guerra larga y compleja como la librada en Irak y Siria no caben juicios definitivos.