La comunidad cristiana está promoviendo en las redes sociales y medios tradicionales una carta que solicita la remoción del embajador norteamericano, James W. Brewster, al presidente Barack Obama.

La comunicación es una reacción del pueblo dominicano a lo que considera es una intromisión en asuntos internos de nuestro país.

En los últimos días el señor embajador y los funcionarios de esa legación han mostrado una intensificación del activismo LGBT, patrocinando la creación de una Cámara de Comercio de uso exclusivo para esa comunidad  y a través de visitas a instituciones educativas. Ambas acciones no fueron muy bien recibidas por la sociedad.

La creación de la Cámara de Comercio podría resultar discriminatoria en su trato para la población heterosexual y en privilegios irritantes en su relación con la embajada. Además, no se tiene constancia de que la Cámara de Comercio y Producción de Santo Domingo niegue sus servicios a la comunidad LGBT.

El caso de las visitas a los planteles escolares, acompañado de su pareja, el señor Bob Satawake, resulta complicado de digerir para una sociedad que, tanto por su cultura como por su régimen júridico, reconoce como único modelo de familia el constituido por un hombre y una mujer.

Los usos protocolares en las relaciones personales y en las diplomáticas comparten el principio de que las costumbres que deben ser respetadas son las del anfitrión y no las del visitante o huésped. No se considera de buena educación imponer sus maneras.

Los procesos sociales de los pueblos tienen un ritmo particular que no conviene acelerar artificialmente. Estados Unidos y su lucha por los Derechos Civiles de los afroamericanos, por ejemplo, duró más de un siglo, desde Abraham Lincoln hasta Lyndon Johnson.

La propia sociedad norteamericana, sin intromisión de ninguna otra, decidió el momento adecuado para integrar a los blancos y a los negros.

El señor embajador debería permitirnos a los dominicanos, gais o heterosexuales, dirimir está cuestión que es de la estricta incumbencia de nuestros ciudadanos.

La Cancillería debería hacerle saber este mensaje.