La situación política y económica venezolana es desoladora. Hay escasez de alimentos, medicinas y otros insumos cotidianos. La inflación pasa del 180 por ciento anual. Una cifra que por sí sola revela el desquicio económico. En los últimos tres años el país ha sufrido una contracción económica del 15 por ciento. Las proyecciones para el año venidero serían una baja del orden del 5 por ciento.

El panorama externo es igualmente desalentador: en lo que resta del año, especialmente en el cuarto trimestre, Caracas deberá realizar pagos por unos siete mil millones de dólares a sus acreedores internacionales. Si no lo hace caerá en mora y podrían rematarse algunos de sus activos, como lo son una serie de refinerías de Pdvsa, la empresa petrolera estatal.

Otro plano alarmante es el de la violencia delictual que mantiene cotas altísimas: en el primer trimestre del año fueron asesinadas 4,696 personas. El año pasado perecieron asesinadas otras 17,700.
En lo político, el gobierno de Nicolás Maduro corre contra el tiempo. La oposición está empeñada en convocar a un referendo revocatorio y señala que ya tiene las firmas. Algo que el oficialismo y su Partido Socialista Unido de Venezuela niegan. Las encuestas señalan que el gobierno sería derrotado, en cuyo caso corresponde llamar a elecciones en las cuales con toda probabilidad ganarán los opositores. Pero aquí entra el factor tiempo: la Constitución dispone que si Maduro puede gobernar hasta el 10 de enero del 2017, entonces, incluso si su mandato fuera revocado, el vicepresidente Aristóbulo Istúriz terminaría su mandato hasta el 2019. Lo que significa que no habría cambio de régimen.

El presidente Maduro ha dicho que el referendo es inviable, ya que la oposición “pretendía cometer fraude” con las firmas que presentaron para solicitarlo. También amenazó con cerrar la Asamblea Nacional, que es controlada por fuerzas opositoras desde diciembre del año pasado cuando el oficialismo experimentó una dura derrota.

La polarización ha sido un rasgo dominante del proceso político venezolano. Eso es de esperar con gobiernos que acometen reformas que afectan a los poderes establecidos.

Lo que no es posible, sin embargo, es mantener en el tiempo una indefinición sobre quién ejerce el poder. Los sistemas democráticos proveen válvulas de escape por la vía electoral. A lo largo de años el movimiento bolivariano expresó su hegemonía a través de las urnas. El bloqueo de todo mecanismo de cambio por parte del oficialismo presagia un horizonte oscuro que puede tener nefastas consecuencias políticas.
 

Al margen

Para leer entre líneas

Dos altos funcionarios de inteligencia de Estados Unidos hablaron con un selecto grupo de periodistas, con la condición de no ser identificados, y les señalaron que el gobierno del presidente Barack Obama no está tomando medidas para ayudar a los enemigos políticos de Maduro, sino que sólo trata de evitar el colapso económico y una explosión social.