La filtración de los millones de archivos de la firma panameña Mossack Fonseca, conocido como los “Papeles de Panamá”, permiten entrever la  presencia global de la corrupción y el crimen.

Los documentos recogen las operaciones de políticos, criminales y celebridades para utilizar los paraisos fiscales en la evasión de impuestos o el lavado de dinero.

La cantidad de países y figuras involucradas indican la gravedad de la metástasis del cáncer de la corrupción. La revelación es una radiografía de la condición moral de los mejores.
La lectura de la pequeña cantidad de información en relación con el inventario total nos lleva a la conclusión de que estamos en presencia de un hecho que no se puede ignorar.

La crisis financiera más reciente dejó a los paraísos fiscales golpeados y tambaleantes, pero esta filtración no cabe duda debería dejarlos en la lona.

La razón de que no se hubiese producido el consenso necesario para su regulación radica precisamente en el hecho de que la mayoría de los que debían tomar esa decisión son los beneficiarios principales.

La abrumadora evidencia deja al descubierto las vergüenzas de los detentadores del poder, la fama y el dinero. La reacción de repulsa del mundo obligará a los cambios imprescindibles.

Los datos apenas comienzan a conocerse. Nuestro país también aparece contabilizado como un usuario del mecanismo usado por aquellos que necesitan operar al filo de la legalidad.

La divulgación de esta práctica desenmascara a los hipócritas y permite a la población mundial conocer la verdadera cara de las figuras de referencia.

La cooperación entre despachos legales, grandes bancos, políticos. traficantes y  celebridades del arte o el deporte crearon una economía oculta y alejada de cualquier fiscalización.

El hecho de que una cantidad tan grande de líderes mundiales de diversos campos se cuele por los agujeros del sistema reduce el inventario de referentes morales.

El escándalo supone la derrota de la confianza. El tiempo para recuperarla no será breve.