El dictador ha muerto, pero la dictadura continúa. La historia comienza a realizar su papel de juez con este personaje que alguna vez afirmó, en una frase de innegable impronta hitleriana: “la historia me absolverá”. El juicio, que comienza ahora con su desaparición física, terminará con la desaparición espiritual de su régimen.

Fidel Castro es la encarnación del perfecto dictador latinoamericano. En él, como en los mejores vinos, se equilibra en sorprendente armonía lo ácido, lo amargo, lo dulce y lo salado. Los paladares que prefieren la igualdad sobre la libertad emitirán juicios favorables sobre lo dulce y lo salado. Los paladares que priorizan la libertad sobre la igualdad harán lo propio con lo ácido y lo amargo.

Lo dulce y salado de la revolución son sus logros en materia de salud y educación. La salud y la educación son de alcance universal y gratuito. Los ciudadanos, sin excepción, reciben una canasta básica de alimentos que asegura la ingesta requerida de nutrientes. La desnutrición, la mortalidad materna infantil y la esperanza de vida ocupan un lugar de privilegio en la clasificación del continente. El sistema educativo por igual alcanza a toda la ciudadanía. La población mayor de quince años está alfabetizada prácticamente en su totalidad. La formación técnica y profesional está abierta a todos y las diferencias solo provienen de las capacidades individuales.

Lo ácido y lo amargo de la revolución radican en la falta de libertad política y económica. Los cubanos no tienen derecho a la disidencia ideológica. El sistema es de partido único. La opción es el socialismo o la muerte. Los ciudadanos no deciden mediante elecciones periódicas quiénes serán sus autoridades máximas. La libertad de expresión no está garantizada. Los medios de comunicación de masas son todos de propiedad pública. El acceso a las redes sociales o al Internet está restringido. La disidencia crítica conduce a la cárcel y posiblemente a la muerte. La economía cubana es igualitaria en la pobreza. El intercambio de bienes y servicios es limitado a escala empresarial. La propiedad privada está prohibida.

La isla es una utopía deformada. El hombre nuevo socialista quedó reducido a un ente biológico que se alimenta, se viste, se adoctrina para sobrevivir, pero al que se le quita la libertad para vivir.

Fidel Castro alcanzó la grandeza de un fenómeno de la naturaleza en desequilibrio. La vida del Comandante fue la de un enorme volcán en erupción que petrificó con su lava revolucionaria a toda una isla y deja en perplejidad a toda la humanidad. La historia no le olvidará, pero no podrá absolverlo.