En el mes de septiembre el ministro haitiano de Economía y Finanzas, Wilson Laleau, anunció la medida tomada por su gobierno de establecer una veda a la circulación terrestre de veintitrés productos dominicanos. La decisión fue justificada como una medida para “mejorar las recaudaciones aduanales y garantizar la seguridad de la población”.

Los empresarios haitianos agrupados en la Asociación de Industrias de Haití valoraron la medida como necesaria para controlar el contrabando fronterizo y las importaciones desde territorio dominicano. Los industriales indicaron que las medidas ayudarían a incrementar las recaudaciones, la inversión  y la creación de empleos.

Las autoridades dominicanas informaron que los productos incluidos en la veda representan como mínimo una tercera parte del comercio bilateral. Lo que significaría unos doscientos millones de dólares anuales en pérdidas. La medida sin duda constituye una barrera al comercio. La República Dominicana y Haití son miembros de la Organización Mundial del Comercio. Así que el diferendo podría llegar a ser conocido en esa instancia.

La decisión de la veda fue tomada desde una estrecha lógica del interés económico de corto plazo. La razón de Estado contrapuesta a la razón de humanidad. El Estado haitiano quiere y necesita recursos. La única manera de obtenerlo es a través de mejores controles comerciales y mayores impuestos. El contrabando fronterizo es parte de la historia de las dos naciones. El control terrestre ha sido imposible desde antes del surgimiento de los dos Estados.

Lo que falla en la lógica económica de la razón de Estado es que la veda afecta la seguridad alimentaria de los ciudadanos y la actividad económica. Las importaciones aéreas o terrestres de harina, pastas, herrajes y pinturas encarecerán la alimentación y la construcción. La productividad de la gente se reducirá y la construcción disminuirá. El resultado global de la medida será contrario a lo esperado.

Juan Montalvo dijo: no hay nada más duro que la suavidad de la indiferencia. Claro, siempre y cuando no recibas un buen pellizco. El respingo no se haría esperar. La política nuestra hacia Haití honra la frase del literato ecuatoriano. El dejar hacer y dejar pasar es la actitud típica  ante el incansable y recursivo vecino. El pellizco de la veda parece que provocó el respingo. La diplomacia criolla se decidió a mostrar algo de carácter. El envío de una nota de protesta, mantener al embajador Silié aquí y el recurso ante la OMC son medidas correctas y civilizadas.

Quedará bien entendida nuestra inconformidad.