El que hace el mal, ve las consecuencias del mal realizado y se detiene a corregirlo, es malo por accidente; pero el que hace mal, ve las consecuencias y no se detiene a corregirlo es malo en sustancia. La filosofía hace la distinción entre accidente y sustancia.

Las acciones accidentales son aquellas que no definen al sujeto actuante. Las sustanciales sí. La diferencia es cuantitativa: el mal accidental es ocasional, mientras el sustancial es permanente. El malo accidental puede redimirse de la maldad y volver a ser bueno. El malo sustancial, en cambio, no tiene esa posibilidad. El mal accidental desaparece con el cambio a lo bueno. El mal sustancial desaparece por la degradación o la corrupción total que le aniquila.

El Consejo del Poder Judicial actuaba como un convidado de piedra en la mesa judicial hasta que el escádalo le dio rostro. La cara, por desgracia, es contrahecha y más a propósito para asustar a la sociedad que para calmarla. Ese Consejo es de nuevo noticia y no por buenas razones. La ha vuelto a liar con los traslados violatorios del debido proceso.

En esta ocasión correspondió al magistrado Rafael Ciprián. El juez denunció su degradación de miembro del Tribunal Superior Administrativo a sustituto de la Segunda Sala de la Corte de Trabajo del Distrito Nacional, como una retaliación por su actuación como presidente de la Comisión Electoral del Colegio de Abogados.

La política, nadie puede negarlo, es la mano que mece la cuna judicial. En las elecciones del Colegio de Abogados salió gananciosa la plancha apoyada por la oposición. El magistrado Ciprián refiere en su carta que fue amenazado por negarse a cambiar los resultados. El poder político criollo no tolera la independencia. El precio que se paga por ejercerla, en el mejor de los casos, es la pérdida de la posibilidad de avanzar profesionalmente o, en el peor, la humillante degradación del cargo que se ocupa. La servil obediencia es la cualidad más apreciada en el subalterno.

Nadie está interesado en destruir el templo judicial, pero sí todos queremos ver salir de allí a los mercaderes. Lo más difícil es defender a alguien, institución o individuo, del daño que se causa a sí mismo. El Poder Judicial, con decisiones tan injustas, no ayuda a su propia causa. No queremos llegar a creer que allí el mal es sustancial.