El camino hacia el reconocimiento de la mujer tiene una historia larga. Los casi cuatro siglos de sometimiento a la horma colonial desfiguraron la pisada de la mujer en nuestra historia y definieron su papel secundario. Las aulas les fueron negadas y se les confinó a la familia o al convento.

Ese papel fantasmal continuó así hasta la independencia. La urgencia de la separación de Haití obligó a la cooperación de género. Las  mujeres tuvieron una contribución a la causa independentista hasta el martirio. Entre los muchos nombres bastaría recordar el de María Trinidad Sánchez. Sus manos ayudaron a confeccionar la bandera, elaboraron cartuchos y sus faldas transportaron polvora para los patriotas.

Las aulas fueron abiertas para las mujeres por tres mujeres: María Nicolasa Billini, Socorro Sánchez y Salomé Ureña. Las primeras mujeres con un título formal fueron maestras graduadas en el Instituto de Señoritas fundado por la poeta.

Ese impulso formador inicial no se convirtió en una fuerza estable hasta que otra mujer demostró que la capacidad intelectual para la formación y el ejercicio profesional de su sexo no se limitaba al magisterio. Evangelina Rodríguez fue la primera en graduarse en medicina y obtener dos especialidades en París a principios del siglo XX, dejando abierta sin ningún límite la frontera educativa femenina.

Las mujeres formadas ampliaron su campo de acción social, pero todavía les estaba negado desempeñar su papel como ciudadanas en la vida política del país. Abigail Mejía, con su cultura y experiencia cosmopolita, pensó y luego ejecutó las acciones que permitieron alcanzar su condición plena de ciudadanas a través del voto a la mujer dominicana.

El recorrido por el camino de la igualdad de género todavía tiene por delante muchas jornadas. La sociedad dominicana no llega al destino final de la igualdad total.

La segregación de la mujer de los cargos de mayor jerarquía, la remuneración desigual, el minoritario espacio político dirigencial o la menor oportunidad de empleo son metas que deben ser alcanzadas.

La mejor celebración de este Día Internacional de la Mujer sería proponernos vencer para siempre estas diferencias.