En la Carta Apostólica, Misericordia y miseria, el Papa Francisco concede a todos los sacerdotes la facultad de absolver el pecado del aborto de manera indefinida.

La decisión convierte en permanente el permiso preliminar  concedido durante el Año Jubilar. La autorización suspende la aplicación de la facultad canónica de absolución restringida a los obispos o los sacerdotes autorizados.

La autorización papal se inscribe dentro de la facultad pontificia de realizar cambios que no representen transformaciones doctrinales. El aborto sigue siendo pecado grave.
La culpa de terminar con una vida inocente es una carga muy pesada para el corazón humano. El camino del alivio no debe estar sembrado de trámites burocráticos.

La extensión de la facultad de perdón a todos los sacerdotes acerca con mayor perfección a la reconcialiación con Dios y la Iglesia.

La idea moderna sobre la vida humana sufre de una carencia de sensibilidad que reduce el milagro de la concepción a un proceso industrial que cosifica la persona en formación. El feto convertido en “producto” es material con potencial de desecho.
La Iglesia no puede colocar barreras humanas entre las almas y la salvación. La dificultad de la reconciliación a través de la confesión y el arrepentimiento aleja a muchas almas de la fe.

El Papa Francisco busca que cada sacerdote sea un fiel reflejo de la imitación de Cristo, por eso nos recuerda el pasaje de la adultera y Jesús comentado por San Agustín como el encuentro entre la miseria y la misericordia.

El perdón excepcional del aborto en el Año de la Misericordia convertido ahora en permanente obedece a la profunda convicción del Papa  en que “la misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre”.  

Los que por falta de doctrina puedan interpretar este gesto del Papa Francisco como un alejamiento revolucionario de la verdad cristiana están equivocados. La decisión, por el contrario, representa un reencuentro con el espíritu que perdona hasta setenta veces siete. La Iglesia seguirá repitiendo, en el caso del aborto, “vete y no peque más”.