La caída de la última prenda del disfraz democrático dejó desnudo al régimen populista autoritario venezolano. La decisión de suspender el referéndum revocatorio tomada por una justicia controlada por el oficialismo bloquea la expresión de la voluntad ciudadana como salida a la crisis política, social y económica que vive ese país.

Este es el último acto de una tragedia que comenzó hace varios lustros con el culto a la personalidad de un redentor delirante que destruyó, a fuerza de petrodólares, las bases institucionales de la convivencia democrática de Venezuela. Lo que hace crisis en esa nación sudamericana es el modelo político idealizado por la supuesta progresía latinoamericana que termina por incubar dictaduras.

La enfermedad del personalismo populista la tenemos impregnada en los tuétanos desde el mismo origen fundacional de nuestras repúblicas. El hombre fuerte, que dice preocuparse por los pobres; divide a la sociedad entre buenos y malos; enfrenta supuestas conspiraciones de poderes imperiales; reparte a manos llenas el patrimonio público y apela sin intermediarios al pueblo, es elevado a los altares de la política latinoamericana.

La retórica de izquierda consigue para estos santones la veneración de una intelectualidad cegada por la ideología y el milagro de la repartición indiscriminada de los panes y los peces públicos consigue la adoración de las masas. La canonización popular libera de la atadura de toda norma al hombre fuerte. La dictadura perfecta, aquella que todos ignoran que los es, queda establecida.

Chávez es la divinidad de la revolución bolivariana y Maduro es su profeta. El cuento revolucionario chavista ha terminado por ser, citando a Shakespeare, “un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido”. La única igualdad conseguida entre ricos y pobres es la de la escasez.

El sueño convertido en pesadilla abrió paso a la más profunda decepción. El cierre de la vía institucional deja a las calles como único camino para exigir la restauración democrática. La OEA dio por fracasada la mediación de Zapatero, Torrijos y Fernández. Una docena de países de América Latina condenan ladecisión de aplazar la recolección de firmas para el revocatorio. La Carta Democrática debe ser activada.

¿Cuál es la posición de las autoridades dominicanas sobre la desgracia política de Venezuela?