Haití es un Estado fallido. La Constitución es nominal. La justicia es nominal. El legislativo es nominal. La presidencia de la República es nominal. La pregunta obligada: ¿Quién gobierna? La respuesta más certera sería decir que gobierna una clase; pero allí, en términos sociológicos, no hay clases. Haití pasó del sistema de castas colonial a la pigmentocracia.

En la época colonial había tres grupos sociales claramente definidos: los grandes blancos, funcionarios del gobierno colonial, propietarios de las grandes plantaciones o grandes, medianos y pequeños comerciantes; los mulatos, descendientes de uniones mixtas entre los grandes blancos y sus esclavas; y los negros esclavos, trabajadores manuales en las plantaciones.

La revolución haitiana provocó una nueva composición social que el siglo veinte continuó ampliando. La preminencia social que poseían los grandes blancos pasó  principalmente a los líderes mulatos y algunos negros elevados a través del estamento militar. La ruptura de la economía de la plantación convirtió a los antiguos negros esclavos en campesinos libres propietarios de terrenos. 

El color de la piel todavía hoy es la característica que define la estratificación social haitiana. Los líderes mulatos conformaron una élite urbana encargada de las labores de gobierno o de la actividad comercial e industrial. 

En la cúspide de la pigmentocracia actual se encuentra el dos por ciento de los de piel más clara; en el medio, un quince por ciento de negros elevados por los favores económicos de la dictadura duvalierista; y en la base, un trece por ciento de población urbana pobre, sumada a un setenta por ciento de campesinos negros.

La pigmentocracia es un sistema inestable fundado en las relaciones personales y de intereses entre los diferentes estamentos sociales. El campesinado recela de la población urbana, mientras que las capas intermedias negras recelan de la élite mulata. El único lazo común es que todos dependen, para prosperar, de las relaciones con el poder de turno. Esas luchas de intereses se reflejan en las

insipientes instituciones democráticas del país vecino.
Los problemas de la República Dominicana con Haití podrán pasar por treguas, pero no se resolverá hasta que no se produzca un movimiento evolutivo desde la pigmentocracia hasta la democracia plena.