El debate suscitado por la suspensión de la transmisión a través de dos canales de televisión de un documental del Partido Revolucionario Moderno reabre el debate sobre la libertad de expresión .
La situación es particularmente incómoda para los involucrados directos y para el país, en vista de que fue simultanea a la realización en República Dominicana de la reunión de Medio Año de la Sociedad Interamericana de Prensa.

El programa de la reunión estaba cargado de información alusiva a la situación de la libertad de prensa en el continente y no cabe duda de que el infausto suceso supuso un inesperado tropiezo para la delegación nativa que, además de representar a la comunidad periodística del país, fungía como anfitriona.

Nosotros gozamos de una privilegiada pluralidad de medios de comunicación y también de una gran tolerancia con la libertad de expresión y difusión del pensamiento.

El pueblo, los profesionales de la prensa y los propietarios de medios de comunicación han contribuido a su consolidación. La reacción de sorpresa por lo sucedido lo atestigua.

La libertad de expresión hace unas pocas semanas se colocó más cerca de su consolidación definitiva con la anulación de una serie de artículos de la Ley 6132 sobre Expresión y Difusión del Pensamiento.
La decisión del Tribunal Constitucional elimina la espada de Damocles que pesaba sobre los medios y sus directores como corresponsables de la información que difunden. Ahora la responsabilidad es del autor del mensaje.

Este cambio, que por reciente no ha sido asimilado correctamente todavía, hará innecesaria cualquier prohibición por temor a consecuencias legales resultantes de acciones de terceros.

Los medios de comunicación, de ahora en adelante, deben olvidar el temor de los tribunales y cumplir con la responsabilidad de transmitir cualquier información relevante, porque no existe hoy en día la posibilidad de evitar la difusión de cualquier mensaje.

La sociedad dominicana tiene la madurez para analizar la veracidad o no de la información recibida y decidir en consecuencia. Esa es la democracia. Nada más y nada menos