No hay plazo que no se cumpla. El día marcado para las elecciones se acerca, porque el tiempo es indiferente y pasa. Los políticos hablan de euforia electoral, pero no se percibe todavía en las calles.

El movimiento que recogen los medios son las típicas masas que el clientelismo arrastra de allá para acá a cambio de unos pesos, tragos o un sándwich oportuno.

Lo que se percibe es una especie de modorra resignada, una aceptación fatal de un destino aparentemente inamovible. El entusiasmo falta en aquellos que no participan del festín populista, porque se saben una minoría con insuficiencia numérica para inclinar la balanza.

Esa minoría es la clase media. La esforzada población que aporta como si fuera parte del primer mundo y recibe servicios del tercero. Las decepciones acumuladas la han colocado en un estado zombie, vidas que se mueven por la ajena voluntad de las necesidades básicas y las circunstancias.

El tema político, contrario a otros tiempos, no domina la agenda de los corrillos y tertulias de amigos y familiares. Los dominicanos están hablando mucho de otras cosas y muy poco de política.

El fenómeno es preocupante, porque sin conversación no se afina el criterio. La amalgama de colores en la política complica mucho más el proceso de decisión.

En gran parte del electorado, por primera vez, se ha perdido el sentido de la lealtad partidaria. El transfuguismo no es solo un fenómeno de los dirigentes, sino también de seguidores y simpatizantes.

La lógica de aprovechar la coyuntura la están aplicando los votantes. Pero ese ir y venir del oleaje reflexivo de los electores se está llevando en el interior de cada conciencia. La gente tiene temor de airear sus preferencias, porque tal vez no siente orgullo por la decisión.

El pragmatismo es la ideología dominante, pero ese triunfo de hacer lo que conviene es el peor enemigo de nuestro futuro. Las conveniencias no saben de plazos largos. El ahora es todo. El mañana nada.

Estamos resignados a vivir este presente político eterno y no nos enteramos de que esa resignación es lo que nos impide seguir adelante.