El premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa escribió en su columna del diario El País, como lo hace con todos los temas de interés global, un artículo titulado “Los parias del Caribe” sobre la decisión del Tribunal Constitucional en el caso del recurso elevado por Juliana Deguis Pierre.

El TC, todos recordamos, decidió, de manera errónea para muchos, que Juliana no tenía derecho a la nacionalidad y además que tampoco lo tenían las miles de personas de ascendencia haitiana que habían nacido en el territorio dominicano.

La sentencia 168-13 desató un intenso debate jurídico que dividió al país durante muchos meses. Los que se opusieron a la sentencia señalaron que el TC  desconocía con el fallo derechos adquiridos por esos ciudadanos al momento de su nacimiento. La mayoría del pueblo dominicano reaccionó de forma negativa a la decisión por encontrarla moral y jurídicamente insostenible.
 
El escritor peruano, en su artículo, desarrolló una serie de argumentos con apoyo de alusiones históricas que ilustraban el significado esencial del fallo del tribunal dominicano. Las comparaciones con la Alemania nazi o la inquisición medieval irritaron la sensibilidad patriótica de buena parte de la población por entender que era ofensivo para la República Dominicana.

Lo cierto es que el artículo de Vargas Llosa fue poco leído y peor entendido por muchos de sus más rabiosos críticos. En ninguna de sus partes el escritor equipara el país completo a la Alemania hitleriana o la España inquisitorial. La comparación fue específicamente entre la sentencia y las  infames leyes de Nuremberg: “La sentencia del Tribunal Constitucional dominicano es una aberración jurídica y parece directamente inspirada en las famosas leyes hitlerianas de los años treinta dictadas por los jueces alemanes nazis para privar de la nacionalidad alemana a los judíos que llevaban muchos años (muchos siglos) avecindados en ese país y eran parte constitutiva de su sociedad”. A muchos esta comparación les pareció muy ajustada al espíritu que animó a los jueces.

En ese mismo artículo el laureado escritor confiesa al amor que siente por nuestro país. El amor más constructivo es el capaz de realizar correcciones fraternas. El premio es una justa reparación.