Este jueves algunos de los más destacados economistas, representantes del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y altos funcionarios de gobiernos confluyeron en la capital del Reino Unido. Ello para asistir a la cumbre convocada el año pasado por David Cameron, el primer ministro británico, antes que siquiera se sospechara de los Papeles de Panamá.

La convocatoria inicial apuntaba al combate contra las coimas y sobornos ante todo en el Tercer Mundo. Buscaba establecer mecanismos para rastrear los fondos escondidos en cuentas secretas por dictadores como Marcos, Pinochet, Duvalier y tantos otros. Es lo que algunos en el hemisferio norte llamaban la corrupción de “rostro oscuro”.

Pero es claro que la corrupción de las latitudes australes es sólo una cara de la misma moneda. Ella no podría existir sin la activa cooperación de una pléyade de contadores, abogados e incluso de gobiernos, como el británico, que es responsable por las dependencias territoriales desde donde opera la mitad de los paraísos fiscales. Ha quedado expuesto el vasto “rostro blanco” de la corrupción. El mismísimo Cameron se ha beneficiado con algunas cuentas familiares en compañías secretas.

El economista estadounidense Jeffrey Sachs declaró en Londres que el Reino Unido y Estados Unidos deben tomar la iniciativa ya “para acabar con el secretismo de los paraísos fiscales que son instrumentos para operaciones ilegales, corrupción y evasión tributaria, además de otros hechos delictuales”.

Sachs, sin embargo, es realista y anticipó que el lobby de empresas y millonarios trabarán cualquier reforma de alcance mayor. Explicó su pesimismo: “Este es un sistema que ha sido desarrollado a lo largo del tiempo para el beneficio de la gente muy rica y poderosa que controla los hilos de las finanzas de los paraísos fiscales”.

Con todo, se espera que la reunión apruebe la creación de un registro central que permitirá a las agencias financieras del gobierno de Londres acceder a las cuentas en las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Cayman y otras dependencias. Ello ya ha sido criticado por diversas organizaciones no gubernamentales que exigen mayor transparencia.

Cameron ha llamado a la cumbre, a la que asisten representantes de más de 40 países, la “primera asamblea contra la corrupción”, y ha defendido el hecho de que el registro no será público, señalando que con todo es un paso importante el que haya un monitoreo de las cuentas aunque sea restringido. En el campo de la denuncia el primer ministro británico no se queda corto y advierte que la corrupcion “destruye empleos, entrampa a los más pobres en una pobreza desesperada, socava nuestra seguridad y empuja a gente hacia los grupos extremistas”.

La pregunta que queda en el aire es por qué se ha tolerado por tanto tiempo prácticas de corrupción institucionalizadas. Ahora, gracias a las recientes denuncias de los Papeles de Panama, el tema ha vuelto a ganar espacio en la agenda internacional. Cabe esperar que la retórica anticorrupción vaya acompañada de acciones efectivas y no sea flor de un día.