La responsabilidad que entraña la libertad conduce a muchos a preferir la dependencia a un poder único. Los ejemplos de la historia y la literatura son múltiples.

El libro de Samuel habla sobre la petición de tener un rey que hace el pueblo de Israel y la advertencia de Dios sobre el costo de tenerlo: la servidumbre absoluta.

Erich From, en su ensayo “El miedo a la libertad”, para aclarar la importancia de la actitud individual en el auge o caída de una democracia citó al pensador John Dewey: “La amenaza más seria para nuestra democracia no es la existencia de los Estados totalitarios extranjeros. Es la existencia en nuestras propias actitudes personales y en nuestras propias instituciones, de aquellos mismos factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y estructurado la disciplina, la uniformidad y la confianza en el líder”.
 
El genial Charles Chaplin, en el discurso de cierre de su primera película sonora, El gran dictador, mostró los mecanismos de manipulación que conducen a la obediencia absoluta: Luchemos  por  un  mundo  nuevo, digno  y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad.

Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores  son  libres  sólo  ellos,  pero  esclavizan  al  pueblo.

El economista austriaco Friedrich A. Hayek explicó la deriva totalitaria en Europa a través de un libro, Camino de servidumbre, que él tipificó como político. La idea central del libro es que el abandono de la libertad económica conduce a la pérdida progresiva de la libertad personal, política y social.

La construcción de nuestra democracia ha supuesto avances y retrocesos a través de toda la historia.

Las pasadas generaciones colocaron los ladrillos básicos del edificio democrático que nosotros debemos terminar de levantar.

Pero el laborioso esfuerzo de construcción del edificio parece amenazado por esa necesidad de un rey, por el miedo a la libertad, y por el camino de servidumbre de la dependencia estatal.

Este es un pueblo politicamente adulto. No podremos culpar a ningún otro si se pierde la libertad. Los culpables seríamos nosotros.