Los primeros Juegos Olímpicos en Suramérica han flotado en un mar de dudas por el sinnúmero de problemas que viven Brasil y la organización del evento deportivo más importante del planeta, junto al Mundial de Fútbol. Por coincidencia, ambos organizados por el mismo país de manera consecutiva. Por ello, la atención del planeta entero ha estado centrada en las situaciones extradeportivas y no en las grandes figuras que surgen cada cuatro años en este evento.

Uno de los problemas que más temor han generado en la previa de los Juegos ha sido el zika. En los primeros tres meses del año se reportaron más de 25,000 casos de esta enfermedad en territorio carioca. Esto ha ahuyentado a turistas y atletas de ser parte de este evento. Sin embargo, en las últimas semanas, las temperaturas en Río de Janeiro han bajado considerablemente y esto ha desplomado el número de casos de zika.

Por otro lado, la situación política de Brasil en los meses recientes también ha provocado incertidumbre en el entorno adyacente a la organización de Río 2016. Compañías constructoras, empresas de patrocinio e incluso delegaciones esperaban ver a un país políticamente estable. Recordemos que en un principio, la ceremonia inaugural debía estar presidida por Dilma Rousseff y tuvo a Michel Temer, presidente interino de Brasil, como máximo representante del país organizador.

En cuanto a la inseguridad, una de las más grandes preocupaciones, Brasil no ha querido dejar cabos sueltos y ha blindado la ciudad para evitar desde un atraco hasta una amenaza terrorista. Por ello ha desplegado, con ayuda internacional, a casi 90,000 efectivos policiales y militares a lo largo de la sede olímpica. Además de ello, la Alcaldía de Río ha promovido una campaña de concientización para que los visitantes no corran riesgos innecesarios.

Aunque estas situaciones puntuales son las que han generado mayor incertidumbre, no se pueden obviar algunas irregularidades que también han afectado a los protagonistas de estos juegos, los atletas. Una de ellas ha sido los problemas que ha enfrentado la Villa Olímpica, que alberga a más de 10,000 deportistas. Para solucionarlos, el comité organizador ha trabajado a contrarreloj para que cada una de las delegaciones tenga las comodidades necesarias para un evento de tal magnitud. Sin embargo, algunas de ellas han decidido pagar sus propios hoteles en la zona más cercana al parque olímpico.

Todos estos casos aglomeran, evidentemente, gran parte de la atención, pero por la experiencia brasileña del pasado Mundial de fútbol, cuando comienzan las competencias olímpicas las miradas dan un giro hacia las figuras, los récords y las medallas. Precisamente, es lo que han estado esperando tanto el país sede de los Juegos como el mismo Comité Olímpico Internacional. Ambos, a final de cuentas, esperan los dividendos que genere Río 2016.