La acción criminal en la ciudad de Orlando, Estado de Florida, que dejó unos cincuenta fallecidos e igual cantidad de heridos es una expresión de la maldad más descarnada.

La ocurrencia de estos hechos hace que nos cuestionemos sobre el origen de esa maldad capaz de engendrar tanta violencia en nuestra civilización actual.

La característica más llamativa de estos sucesos de terror es el desproporcionado castigo infligido a victimas del todo ajenas a los conflictos personales o políticos de los perpetradores.

La psicologia explica este comportamiento como la busqueda de víctimas sustitutas. La incapacidad, por desconocimiento o por imposibilidad,  de tomar venganza sobre los autores directos del ultraje o la frustración provocan estos actos de violencia sin sentido.

Omar Mateen, el asesino, es descrito por el círculo íntimo de sus relacionados como alguien con mal genio, inestable emocionalmente y con tendencia a un comportamiento bipolar no diagnosticado.

Las crisis personales mal manejadas, como su divorcio por abuso doméstico o la frustración de no poder convertirse en agente de policía, funcionaron como disparadores de la conducta violenta.

Los prejuicios funcionan como la tensa cuerda del arco que dispara la flecha que atinará en el blanco. El señor Mateen había expresado intolerancia hacia la comunidad homexual. De ahí a la tragedia fue solo un paso.

¿Cómo una persona puede llegar a semejante monstruosidad? La filósofa Hannah Arendt acuñó el concepto para describir el mal a gran escala perpetrado por personas comunes y corrientes: la banalidad del mal.

Mientras observaba a Adolf Eichmann, en el proceso por genocidio en Jerusalén, descubrió que individuos del todo incapaces en condiciones normales para la crueldad, por estar inmersos en una cultura de exterminio, podían participar de acciones violentas.

La acción propagandística de los movimientos islámicos radicales crea unos patrones culturales que normalizan la violencia como reacción a todo lo diferente.
 
Los jóvenes resentidos y perturbados encuentran así en el martirio asesino su malvado camino de redención.