Durante años, los adversarios de la monarquía han salido a las calles para proclamar un anhelo: “España mañana será republicana”.

Las elecciones del domingo 20  han mantenido intacta la corona, pero dieron un golpe devastador al bipartidismo que dominó el país desde el retorno a la democracia hace más de tres décadas.

Si bien el gobernante Partido Popular (PP), de derecha, y el socialdemócrata Partido Socialista Obrero Español (Psoe) son aún los más votados, ninguno obtuvo suficientes parlamentarios para formar un gobierno. El PP sufrió un duro castigo con la pérdida de un tercio de sus diputados.

El emergente movimiento centro derechista Ciudadanos captó parte de su electorado con una plataforma contra la corrupción. El PSOE también reculó casi en 20% de su bancada. El movimiento de los indignados, convertidos en el izquierdista partido Podemos, emergió como el gran vencedor de los comicios con un ascenso meteórico.

Así, España pasa del duopolio político a un abanico de posibilidades que abre dudas sobre quién gobernará el país. El PP, con el mayor número de diputados, será comisionado por el rey Felipe VI para que intente formar una alianza que le otorgue una mayoría parlamentaria.

El panorama es oscuro para el PP, salvo que logre el apoyo, aunque tácito, del PSOE.

Esto sería peligroso para los socialistas, pues su electorado y, más aún, el de Podemos, sus aliados potenciales, claman por un cambio. El futuro del PSOE está bajo la sombra amenazante del impetuoso Podemos. Pero ni aún las dos formaciones juntas tienen votos suficientes.

Tendrían además que pactar con partidos nacionalistas vascos y catalanes, que en el último caso buscan la independencia de Cataluña. Si no es posible formalizar un pacto, los españoles volverán a las urnas en mayo.

Los comicios mostraron una España dividida en partes iguales. Una mitad está por dar al líder del PP un nuevo mandato. Mariano Rajoy, el Presidente del gobierno, señala que ya pasó lo peor tras la crisis desatada en 2008. Ahora el país crece y el desempleo baja  poco a poco.

El último año se crearon un millón de empleos. La otra mitad de los españoles está harta de austeridad que mantiene una tasa de desempleo de 21% de los 18 millones que integran la fuerza laboral.

Los nuevos empleos son de corto plazo y sin derechos. El 90% de los contratos son transitorios y uno de cada cuatro no supera la semana. Hay 2.5 millones de personas que han vivido cesantes por más de dos años. Muchos no reciben ayuda alguna del Estado.

La clase política tiene no solo la dura tarea de resolver la compleja ecuación electoral, sino que por sobre todo, cumplir las promesas de dar bienestar y estabilidad a la ciudadanía.