Las comparaciones son buenas para saber nuestra posición relativa en cualquier tema, y la seguridad no es la excepción. Nuestras autoridades, ante las reiteradas denuncias del deterioro de la seguridad, apelan al recurso de la comparación para recordarnos que estamos mejor que muchos. Esta respuesta no tranquiliza a nadie, porque el miedo no es menor por saber que otros temen mucho más que nosotros.

La mentalidad del ciudadano común ante cualquier tema de políticas públicas reacciona en clave emocional. Un problema social reclama una solución, porque preocupa. Los argumentos de expertos, por lo general, no son el primer recurso de un ciudadano preocupado. El tema de la seguridad pública, como ningún otro, dispara los resortes emotivos de todos.

Todas las mediciones indican que la seguridad es el tema de mayor preocupación de todos los dominicanos, así también de mayoritaria es la decepción por el fracaso en su manejo. No hemos podido articular una respuesta organizada para atacar de forma sistémica el flagelo. No será necesario citar los diferentes fracasos para apoyar el argumento.

La pregunta obligada: ¿qué ha faltado? La respuesta debe comenzar por el motor de toda política pública, la voluntad. Los gobiernos han mostrado mucha voluntad de análisis, pero poca voluntad de acción. La reforma policial, por ejemplo, es un proyecto consensuado por todos los actores responsables e interesados en el tema. El proyecto está maduro en la sociedad, pero no termina de ser aprobado y está muy lejos de empezar a ejecutarse.

Una ley no es la solución integral al problema de la seguridad, pero sí es el paso inicial imprescindible para dar inicio a una solución sostenible. No se debe invertir dinero en un formato policial que no responde a las necesidades del tiempo.

A lo largo de toda nuestra historia hemos tenido una organización policial para mantener la gobernanza y no para la protección ciudadana.  Esa es la razón de que siempre aparezcan policías en cantidad suficiente para impedir las protestas frente a la OISOE, pero casi nunca para antender un llamado de protección de un ciudadano común.

El modelo colapasado de seguridad pública pide a gritos la reforma.