Promesa no es cumplimiento. El objetivo de disminuir la delincuencia necesita mucho más que las continuas declaraciones de propósitos de los responsables de la seguridad.

La reafirmación del compromiso de trabajar por una reforma de la Policía Nacional  hecha por el general Nelson Peguero Paredes no es suficiente para que el impostergable proceso de cambio se lleve a cabo.

El problema es del tal magnitud que requiere un compromiso mucha mayor y múltiple. Las instituciones del Estado, a través de sus máximos representantes, tienen que asumir la voluntad de reforma.

El presidente de la República, como representante del Poder Ejecutivo, tiene la responsabilidad de la definición de un plan y de marcar los tiempos para su aplicación. El silencio no es opción.

Para bien o para mal somos todavía un país presidencialista. La voluntad de Danilo Medina es la única capaz de movilizar todas las instancias necesarias para trabajar en una solución al problema de la seguridad.

El hiperlegalismo imperante en nuestro país reduce el recetario de soluciones a nuevas normativas legales y, lamentablemente, esto no será suficiente. La razón es que el deterioro de la seguridad es directamente proporcional al deterioro de todas las instituciones.

La oxidada cadena de la seguridad comienza por el eslabón de la Policía Nacional y, pasando por el Ministerio Público, termina en el Poder Judicial. Los testimonios repetidos de fallos de uno, dos o todos a la vez son numerosos.

La mejor Policía Nacional no podría brindar seguridad efectiva sin contar con unos fiscales capaces de instrumentar de forma correcta los casos y sin una justicia que sentencie de acuerdo al derecho y no a los arreglos económicos del juez.

La seguridad requiere de un cambio profundo en todas las instituciones. El efecto demostración de un sistema de consecuencias efectivo promueve la seguridad mucho mejor que cualquier declaración de compromiso.

Lo que dijo el jefe de la Policía Nacional está muy bien, pero no es suficiente. El presidente Danilo Medina debe utilizar todo su liderazgo para mover a la sociedad