El discurso más difundido de la cumbre de países Asia-Pacífico fue el del fundador de Facebook Mark Zuckerberg. La idea central de su exposición se convirtió en titular de la prensa mundial: “la única solución para la desigualdad es más conexión, no menos”.

La frase recoge el espíritu de nuestra época y, se podría decir, que también el espíritu de la experiencia humana sobre la tierra. La mejor manera de comprender un hecho histórico es descubriendo el patrón general que lo sitúa en el contexto mayor de la historia humana.

Los fenómenos diversos que estamos presenciando en los ámbitos de la política, la economía y la cultura se inscriben en esa permanente lucha entre los que aspiran a un mundo abierto y los que prefieren uno cerrado.

Esa actitud se expresa con vocablos distintos en cada espacio de la acción humana: en política, democracia abierta o cerrado autoritarismo; en economía, libre mercado o proteccionismo; y en la cultura, nacionalismo o internacionalismo.

Las palabras pueden cambiar, pero la esencia es la misma. La perplejidad con los acontecimientos actuales puede disiparse con una mirada a experiencias pasadas. La historia es un catálogo de las idas y venidas desde épocas más abiertas hacia épocas más cerradas y viceversa.

Por ejemplo, el comercio libre que triunfó a finales del siglo XIX sucumbió al proteccionismo después de la Gran Depresión. La imposición de altos aranceles en Estados Unidos y luego en el resto del mundo redujo la economía global.

El Brexit, la salida de la corriente unitaria europea, es una respuesta proteccionista a la crisis de empleos, a la crisis de las migraciones y a la crisis de la seguridad. La historia enseña que estas reacciones cerradas son ineficaces y muchas veces peligrosas.

La reacción cerrada, la desconexión del mundo económico, supone también el surgimiento de reacciones similares en la política. La Gran Depresión fermentó las ideologías extremas nacionalistas que condujeron al mundo a regímenes políticos cerrados.

El triunfo de Trump es el equivalente político del Brexit. El país más abierto decidió apostar por una ideología política cerrada.

La historia enseña que estas reacciones cerradas son ineficaces y muchas veces peligrosas; además, nos enseña sobre el rápido contagio a lo largo y ancho del globo. produjo su clon autoritario.

Zuckerberg tiene razón: necesitamos conexión o más apertura, que es lo mismo.