El mes de julio terminó y con él también el Acuerdo de Madrid. La relación entre las generadoras y distribuidora está operando sin contratos que garanticen el interés de las partes.

El plazo se cumplió para este acuerdo y esperabamos que, por los años de crítica acumulada, la fecha de expiración sería resaltada por el sector oficial con expresiones de júbilo.

 El final, para la sorpresa de muchos, llegó en medio de un sospechoso silencio. El acuerdo suspiró y nadie dijo nada. Los judios advierten sobre la necesidad de cuidarse del agua silenciosa, el perro silencioso y un enemigo silencioso.

Lo único cierto con este silencioso final del Acuerdo de Madrid es que entramos en una etapa de incertidumbre por la imprevisión de las autoridades del sector eléctrico.

La CDEEE debería explicar la razón de que no tenga todavía el reglamento para la licitación de los nuevos contratos tanto tiempo después del vencimiento del plazo para realizarlo.

Parece que la negligente imprevisión o nuestra irrefrenable vocación de generadores de crisis nos llevó a la situación actual. No es normal que lo que debió suceder hace diez y ocho meses todavía no suceda y nadie brinda una explicación.

En el día de hoy las distribuidoras no tienen ninguna obligación de compra de energía a las generadoras. Pero tampoco tienen las generadoras compra asegurada con ninguna distribuidora.

Las transacciones se realizan en el mercado spot. Por definición, las operaciones que se realizan en este mercado son al precio del momento de la transacción y no de la entrega.

Los ciudadanos no sabemos qué consecuencias económicas tiene esta situación para el sector eléctrico en su conjunto y para la economía personal de cada uno de nosotros.

¿Fluctuará el precio de la electricidad? ¿Estará garantizado el abastecimiento? ¿ Se incrementarán los apagones financieros? ¿Se negociarán nuevos contratos? ¿Se realizarán licitaciones?

Las autoridades deben contestar estas preguntas, porque la ciudadanía quiere respuestas.