La democracia está fundada en el equilibrio dinámico entre la libertad y la igualdad. La mayor o menor cantidad de libertad o igualdad dependerá de las particularidades de cada sociedad.

El predominio absoluto de la libertad destruye la igualdad, creando diferencias y privilegios que conducen a un individualismo anárquico. La primacía de la igualdad, en cambio, conduce a la desaparición de la libertad a través de la supresión de las diferencias naturales humanas.

La democracia madura garantiza la igualdad de un punto de partida común que solo tolere las diferencias producidas por el ejercicio libre del talento y el esfuerzo individual.

Este equilibrio entre la libertad y la igualdad no está exento de balanceos, pero el cuerpo social se mantendrá en pie si se reparte el peso de forma equilibrada entre la libertad y la igualdad.

En los procesos electorales también interactúan estos dos principios democráticos. Los ciudadanos tienen, en igualdad de condiciones, la libertad garantizada de participar, promover y financiar el candidato o partido de su preferencia.

En nuestro país, de acuerdo al Tercer Informe de Observación Electoral publicado por Participación Ciudadana, la igualdad, en materia de financiación y promoción, se encuentra en desventaja con relación a la libertad.

Los partidos políticos actúan en un vacío de regulación que permite el desequilibrio que la posesión del poder causa de forma natural en cualquier competición electoral.

Los datos arrojan un desbalance de imposible justificación que provoca una ventaja desleal del partido oficial sobre todos los de oposición.

El PLD es responsable del ochenta por ciento de todo el gasto promocional erogado en el trimestre; además, como si no fuera suficiente, debemos sumarle al candidato y partido oficial el incremento en la publicidad gubernamental.

La democracia necesita erradicar todo tipo de posiciones ventajosas indebidas de ciertos competidores electorales o de ciertas prácticas restrictivas de la libre competencia electoral para ser verdadera democracia. Si no se hace: ¿Para qué elecciones?