Los partidos políticos, por definición, son entidades de interés público conformadas por ciudadanos que comparten principios, valores, intereses y proyectos. Los partidos nuestros, en la practica, se alejan mucho de esta definición. En la actualidad, el sistema de partidos es una amalgama de colores sin principios ni valores diferenciados.

La convivencia humana siempre supone diferentes visiones. La historia nos aporta una variada muestra de luchas de facciones que podrían considerarse embriones de partidos o protopartidos. Estas facciones se organizan partiendo del tema dominante y el contexto.

La imaginación nos ayuda a visualizar ideas contradictorias del mundo hasta en los propios orígenes del hombre. No sería exagerado pensar que la preferencia de la vida sedentaria por sobre la nómada fue conseguida a través de grandes conflictos sociales. La facción nómada terminó triunfando sobre la sedentaria.

La diferencia entre las organizaciones de participación antiguas y las modernas es de orden cualitativo. Las modernas organizaciones políticas definen unos derechos y deberes a través de normas estatutarias que también definen estructuras y jerarquías.

Los teóricos de las ciencias políticas han establecido unas tipologías en las que se puede reconocer cualquier organizción política. Maurice Duverger estableció dos categorías: los partidos de cuadros y los de masas.

Los cambios acaecidos en estos primeros lustros tornaron inutilizables estas dos categorías. Los partidos de hoy encajan mejor en la definición de partidos multicomprensivos y partidos cartel. Los primeros son aquellos en los que cabe todo el mundo, sin distinción de creencias o condición. Los segundos son aquellos que capturan el presupuesto público para garantizar sostenibilidad.

No hay duda de que, bien mirado, el sistema partidario nacional está compuesto por organizaciones cartel. Este tipo de organización política no necesita de la financiación privada. El control del presupuesto público les permite autonomía.

La riqueza acumulada posibilita que influyan sobre los medios, actores productivos y todos los poderes fácticos.

El peso que adquieren termina por aplastar la democracia. En el país tenemos a muy corto plazo la tarea de desconstruir estas organizaciones cartel para construir partidos que se ajusten a la definición.