Pocos daban una chance de victoria al candidato presidencial de derecha y vocación neoliberal Pedro Pablo Kuczynski (PPK). Pero como suele ocurrir en política, las cosas tomaron un rumbo inesperado.

En competencia con exmandatarios, aspirantes descalificados por no cumplir con las exigencias electorales, PPK logró pasar a la segunda ronda y confrontar a Keiko Fujimori. De allí en más PPK invocó el fantasma del gobierno de su padre, Alberto Fujimori. Los viejos temores fueron reflotados.

Abundaron los rumores sobre funcionarios de la campaña de Keiko involucrados en el lavado de dinero y en narcotráfico. Más que populista, muchos acusan al fujimorismo de clientelista. De realizar pactos oscuros con sectores de la economía informal como la minería clandestina o de la cultura chicha, como llaman en Perú.

PPK, líder de Peruanos por el Kambio,  después de haber quedado en desventaja en el primer debate realizado en Piura, pasó a la ofensiva en el último foro en Lima. Pese a ser un orador débil, lento y poco carismático, logró imponer sus puntos a través de acusaciones veladas de amenazas a la democracia, un auge de la corrupción y el narcotráfico.

Las aguas se dividieron frente al tema de la inseguridad ciudadana que figuraba en las encuestas como la mayor preocupación del electorado. Keiko, líder de Fuerza Popular,  postuló la participación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la delincuencia.

PPK rechazó la idea señalando que los militares no están formados para estas tareas. La experiencia latinoamericana en la materia le da la razón. La intervención castrense en tareas de seguridad doméstica en México y Brasil ha sido negativa. Ello tanto para los uniformados como para contener la criminalidad.

El rechazo a la candidatura de Keiko convocó a multitudinarias marchas en Lima y otras localidades bajo una consigna unitaria y nada propositiva: “No a Keiko”. El gobierno de Ollanta Humala llamó a respaldar a PPK y otro tanto hizo Verónika Mendoza (la K está de moda) la excandidata del izquierdista Frente Amplio que remachó tercera en la primera vuelta.

Así, en la recta final tras figurar segundo, PPK logró empatar y superar por una diferencia mínima a su contrincante. El impacto del voto de izquierda quedó de manifiesto en el sur del país donde en las plazas fuertes del progresismo PPK multiplicó la votación.

A su vez el respaldo del oficialismo contribuyó a cargar la balanza a favor del exministro de Economía y Finanzas del presidente Alejandro Toledo. La victoria de PPK es por un insólito estrecho margen. A ello se suma que el fujimorismo tiene la mayoría en el Congreso. Así PPK, el adinerado exfuncionario del Banco Mundial, tendrá poco espacio de maniobra.