Thomas Piketty es un economista francés experto en desigualdad económica y distribución de la renta. El año 2013 publicó “El Capital en el siglo XXI”. El libro se ha transformado en un best seller, a pesar de no mostrar desnudos ni ardorosas intrigas.

 Ciertamente el tema de la desigualdad está más que nunca presente hoy en el debate público, y de ahí que su figura concite tanta atención.

 A propósito, les invito a darle una vuelta a esto de la desigualdad, pues me late que más allá del malestar social que se percibe, la temática está pervertida por mucha palabrería que se ha tornado en demagogia política tanto por los de un bando como por los de otro.

 El punto de Piketty es relativamente sencillo de comprender. Tanto es así que el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, califica el libro de “libro eureka”. La idea de la desigualdad no es particularmente novedosa. Ya en el siglo XIX, el sociólogo Durkheim planteaba que el mercado producía desigualdades, pues limitaba la competencia. Su solución consistía en abolir el derecho a herencia. Me parece muy eficaz, pero demasiado ingenua. Para Marx existía el hecho social de la diferencia de clases como entidad dialéctica y el conflicto quedaba reducido a la lucha de clases y al subsecuente triunfo del proletariado. Utópico e impracticable.

 Piketty, en primer lugar, apunta que la economía es tan sólo una subdisciplina de las ciencias sociales. Ojo. También plantea que la concentración del capital va en aumento y por ende cada vez en menos manos.

 De este modo se están reproduciendo las riquezas dinásticas, acotándose a su vez. Por ejemplo, si un país tiene un crecimiento (c) del 2% al 3% y el retorno de capital (r) de un inversionista rico va del 4% al 5%, el capital obtendrá mayor retorno que el ingreso medio, enriqueciéndolo en términos relativos respecto del resto de los agentes de la economía en el largo plazo, señala Piketty.

Simple: c > r en el largo plazo, sin perjuicio de las políticas económicas por implementar. Se hace evidente que el círculo vicioso sólo beneficia a quien es capaz de obtener retornos significativos por efecto del capital. El problema de hoy es que la fortuna se hereda y no se construye. Ya no se están creando ex nihilo fortunas, sino que es tendencial el que las grandes fortunas cada vez y en mayor proporción son heredadas, constituyendo verdaderos linajes.

Los selfmades ya son cosa de la historia, apunta Krugman, después de analizar a los 400 más ricos de la revista Forbes, y tomar nota que aquellos son tan sólo unos pocos ancianos, siendo la herencia dinástica del capital la predominante.

 Piketty propone un aumento de los impuestos progresivos (sobre los más ricos) y, adicionalmente, lo cual ya sería novedoso, el implementar tasas impositivas mundiales para las mayores riquezas, esto es, propiamente al capital. Sin embargo, no duda de la complejidad de la viabilidad.

¿Cómo redistribuir efectivamente? ¿Qué hacemos para evitar el aprovechamiento de la palabra?