La política electoral instrumentaliza todas las instituciones para el logro y mantenimiento del poder. El aporte de un mayor o menor caudal de votos determina la forma de proceder. Esa lógica es la responsable de que muchas decisiones se tomen violando las normas.

Como cada cuatro años el 26 de enero debe reunirse la Asamblea General de Municipios para designar al nuevo Secretario General. El puesto siempre tiene muchos pretendientes, porque la Liga maneja muchos recursos. Eso la convierte en el espacio ideal para el clientelismo electoral. Lo que era aduanas o el ferrocarril en la época de conchoprimo es la Liga ahora.  El botín para compensar los favores políticos. En los últimos procesos de repartición electoral ha sido la parte del pastel público que le toca al Partido Reformista.

Los cambios en las políticas de alianzas de los partidos confunde más de lo normal el panorama de elección en la Liga. La salida del PRSC del Bloque Progresista y su alianza con el PRM pone a dudar al PLD en la pertinencia de dar la Liga a cambio de nada.

La retaguardia reformista, que prefirió la paloma en la mano  de los cargos oficiales, no es una fuerza electoral. Sin alpiste no les quedaría ningún gorrión. Por otro lado, la declarada ambición del PRD, hambriento de cargos, complica mucho más la decisión.

El PLD está en una encrucijada en la que cualquiera de las rutas es igualmente negativa: si deja a Jones, disgusta a los blancos; si pone a Neney, pierde a los pocos reformistas que le quedan.

La solución planteada para sortear el encrespado mar municipal es la de ratificar a Johnny Jones por un año. Esta idea no está libre de dificultades. El reglamento de la Liga Municipal no plantea la posibilidad de un período recortado. La verda es que si se elige a Jones será por cuatro años.

El partido de Gobierno debe ser advertido de que no es un camino aconsejable transferir los problemas internos a las instituciones nacionales y mucho menos promoviendo una decisión que contraviene lo reglamentado.

La posición razonable no tiene que ver con la persona elegida, sino con la forma de hacerlo. Johnny Jones tiene buenas credenciales para permancer, pero no puede hacerlo con un mandato recortado por intereses políticos electorales.