Hubo algo particular en la convocatoria del domingo pasado en Chile pidiendo la elminación de las AFP. Se busca con ella visibilizar la desprotección de los jubilados, por las pensiones de hambre que se están pagando en Chile. Pero la frase que se usa no es “Más y mejores pensiones” o “Que suba la jubilación”. La que convoca a más de 750 mil personas en las calles de 40 ciudades del país es “No más AFP”.

La discusión, la crítica, el llamado es contra el sistema imperante, el de la capitalización individual, el de “rascarse con las propias uñas”, el del negocio lucrativo con los ahorros, el de que cada uno se salva solo. Es una crítica al corazón del modelo que se impuso.

Cuando me dicen que las AFP no son el problema, tienen razón. El sistema de AFP en sí no es el problema de las bajas pensiones. El problema es que el sistema de AFP no sirve para un mercado del trabajo como existe en Chile.

Cuando la mitad de la población gana menos de 600 dólares, el 70 por ciento hasta 750 dólares, las mujeres mucho menos que esa cifra; un sistema de ahorro personal (o capitalización individual) no sirve. Cuando se tiene un mercado del trabajo precario, con baja calificación y lagunas previsionales permanentes, el sistema no sirve. Si hoy 9 de cada 10 chilenos que se jubila gana menos de 200 dólares, aunque trabaje cinco años más, aunque cotice 5 % más, no habrá mayor diferencia.

Cuando vemos al presidente de la Asociación de AFP hablar sobre pensiones, de empatía con los jubilados y de evitar populismos, no hay que perderse. Habla alguien que quiere proteger su “unidad de negocios”, las empresas que él representa.

Un negocio de altísima rentabilidad, donde para que nos hagamos una idea, a los directores les pagaron 825 mil dólares. Millonarios ingresos obtienen al año las AFP para darse el lujo de pagar esos sueldos, mientras las pensiones que pagan no superan los 350 dólares. Yo prefiero como cotizante que no haya lucro en el manejo de mis ahorros. Que mis ahorros previsionales sean tratados como un tema de seguridad social y no como una “unidad de negocios”.

Cuando hablamos de pensiones en Chile, ¿de qué hablamos realmente? ¿Dónde está puesto el objetivo? ¿Dónde están los incentivos? Los ahorros de todos los que cotizamos en AFP suman hoy 165 mil millones de dólares.

Esa plata sirve y ha servido todos estos años a los grandes grupos económicos chilenos para aumentar su capital. Gracias al préstamo de esa plata se han transformado en gigantes, han entrado a distintas áreas de la economía, se han internacionalizado, han hecho grandes negocios. Tienen el descaro de usar esa plata de nosotros a bajo interés y después coludirse robándose plata de nuestros bolsillos; o usar esa plata –insisto, a bajísimo interés– para después prestarnos a través del banco esa misma plata cobrándonos mucho más interés (bancos de la plaza).

Cuando el poder económico sale en masa a defender el sistema y lo hace a través de columnas en diarios influyentes diciendo cosas como que los que no quieren AFP son los irresponsables que no cotizaron o que la pensión es responsabilidad individual, mienten. No se trata de 3 ó 4 malos resultados sino del 90 % de los jubilados.

No se trata de flojera, sino de trabajo precario y bajos sueldos. Entiendan, no hay que ser magister o tener doctorado en economía para darse cuenta que ahorrar forzosamente por 20 ó 30 años el 10 % del sueldo de la mayor parte de los chilenos, nunca entregará una buena pensión.

No se trata de “no entender” o de “no saber” o de que “es un tema muy complejo para los chilenos”. Es mirar la evidencia, los hechos. .

Cuando desde las AFP y desde sectores políticos caricaturizan el sistema de reparto señalando que el que existía en Chile era insostenible, tienen razón. Pero callan al plantear la posibilidad de sistemas de reparto modernos y actuales, o de composición mixta donde el gran soporte de esas pensiones es siempre el Estado. Como en el 95 % de los países de la OCDE.

Cuando las AFP se impusieron en una dictadura, sin discusión y con promesas falsas, lo mínimo que exigimos como ciudadanos es una discusión abierta, participativa, donde nosotros “los ahorrantes”, los “futuros pensionados” tengamos voz y voto. Por eso, no más AFP en Chile.