El refrán nos recuerda que nadie se muere en la víspera. La idea que comunica la creatividad popular es que todo pasa a su debido tiempo. Pero, como en todo, siempre aparecen excepciones. Esta semana, murió un poco de democracia.

La  violencia desproporcionada de la Policía Nacional en contra de los manifestantes pacíficos de Poder Ciudadano en vísperas del Día de la No Violencia Contra la Mujer, citando a Talleyrand, fue algo mucho peor que un crimen: un imperdonable error.

La ciencia física estudia la relación de los fenómenos pequeños con la formación de los grandes. El conocido Efecto Mariposa, que explica cómo si en un sistema se produce una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande a corto o mediano plazo de tiempo.

Los manifestantes que participaban en la “cadena humana sorpresa” eran un pequeño grupo. Pero sería un error de cálculo pensar que los que allí se emplazan cada miércoles son todos los que están y están todos los que son. Las movilizaciones sociales son incrementales y se comportan como el fuego, los vientos fuertes y sostenidos avivan sus llamas.
 
La terca oposición a que ese pequeño grupo se exprese mediante el abusivo uso de la fuerza policial causa fricciones que expanden chispas de descontento por todos los lugares.

Por cada persona que se manifiesta en la OISOE hay otras mil que se solidarizan.

Prueba al canto, las reacciones en cadena de las redes sociales a la atropellante actuación policial. Este pueblo, tan maleable y acomodaticio para tantas cosas, nunca ha pódido resistir el abuso de poder.

El dedo acusador por los excesos no puede levantarse solo para señalar al cuerpo policial. La Policía obedece órdenes superiores.

Resulta paradójico que mientras la policía maltrataba a los ciudadanos, en los jardines del Palacio Nacional se llevó a cabo la ceremonia de encendido de luces navideñas con un mensaje de paz y deseos de tranquilidad y armonía para todos.

El país no podrá tener armonía ni tranquilidad mientras los responsables de garantizarla sean precisamente los que desafinen al conculcar los derechos constitucionales de los ciudadanos. Presidente, ordene detener ese abuso.