La mala costumbre no anda sola, a menudo se hace acompañar de otra constumbre peor. El autoritarismo criollo anda de bastón con el particularismo. Esta condición, el particularismo, consiste en considerar como bueno para todos lo que solo es bueno para uno.

El autoritario manda solo, sin chequeo ni balance. En cada decisión de la vida pública está presente esa vocación junto a su escudero el particularismo. En la aprobación de la Ley General de Presupuesto estuvieron presentes los dos.

Lo más común en estos tiempos de democracias devaluadas es creer que respetando al mínimo la formalidad se cumple con el fondo de los debates públicos. En el tema presupuestario se respetaron las formalidades, pero se atropelló el espíritu democrático negándose al debate pausado de las diferentes partidas.

La Ley más importante de cada año, la que define el destino de todos los recursos de la sociedad, se aprueba y no se discute. Lo cuantitativo se impone sobre lo cualitativo. El partido que tiene mayoría la pone a funcionar para reducir la disidencia.

 Si el ciudadano no puede opinar, a través de sus representates, sobre el destino del gasto o la inversión de sus recursos, ¿qué clase de democracia tenemos? La democracia es interactiva o no es. Las decisiones requieren del imprescindible toma y daca entre posiciones encontradas.

La sociedad opina que hay oportunidades de mejora. Por ejemplo: la costumbre de subestimar el gasto y sobrestimar los ingresos es una manera taimada de generar deficits superiores a los aprobados en la legislación; la proporción destinada a gasto de capital con relación al gasto corriente es muy baja, lo que significa que casi noventa centavos de cada peso se usará en compras, salarios, subsidios o pago de intereses; la reducción de la emisión de bonos internacionales para aumentar la emisión de bonos locales puede generar una reducción de los créditos a los actores privados; o el pernicioso incremento de financiamiento para gastos corrientes. Lo correcto: sincerar gastos e ingresos, reducir edeudamiento y aumentar la inversión. Debemos renunciar al poco creativo ejercicio de copiar y pegar de todos los años.

Las acciones que se imponen son las que no están respaldadas por buenos argumentos.