La prudencia es la virtud de actuar con moderación. El anuncio de la OMS sobre el consumo de carnes debe ser ponderado con prudencia. La reacción exagerada o alarmista no es la respuesta inteligente. Lo correcto es sopesar lo dicho.

¿Qué dijo la OMS? La organización, basada en un estudio de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, colocó a las carnes procesadas en la categoría uno de las cinco categorías en la que agrupa a los posibles agentes cancerígenos. En esa misma categoría están sustancias tales como el asbesto, amianto, arsénico y el tabaco.    

Los cuatro mecanismos implicados en el negativo efecto colateral de la ingesta de carnes procesadas son los siguientes: los nitratos que se usan para preservar el color; el proceso de ahumado que produce sustancias cancerígenas; y el hierro hemínico, responsable del color en las carnes rojas, que puede dañar el revestimiento del colon. 

Lo primero es entender que la calificación de mayor riesgo es para las carnes procesadas: cualquier tipo de carne transformada con salazón, curado, fermentación,  ahumado o cualquier otro proceso para mejorar su sabor y alargar su conservación. En este grupo quedan icluidos la tocineta, las hamburguesas y los embutidos en general. 

Lo segundo es que el impacto de las carnes procesadas se restringe, de acuerdo al estudio, al cáncer colorrectal. El consumo de cincuenta gramos cada día, el equivalente a dos rodajas de tocineta o tres ruedas de salami, aumenta el riesgo en un dieciocho por ciento. 

Lo tercero es revisar las estadísticas al nivel mundial sobre la prevalencia del cáncer colorrectal. Las cifras aportadas por la Organización Mundial de Gastroenterología indican que un millón de personas padecen de esta afección y medio millón mueren por la enfermedad cada año. En el planeta habitan siete mil millones de personas. El aumento del riesgo con respecto a la población mundial no parece importante.

El análisis prudente de los hechos aconsejan aplicar la vieja máxima latina que coloca la verdad en el justo medio. Así que como todo en la vida la solución está en el equilibrio en el consumo. La devoción criolla por los embutidos se puede mantener. Moderación, porque la exageración es contraria a la sabiduría.