La oposición venezolana no quiere a República Dominicana como escenario para la negociación con el Gobierno.

El presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Henry Ramos Allup, indicó que el escenario del país está “rayado”.

La palabra es de uso coloquial en ese país para definir a una persona o institución fanatizada con una causa o con alguien.

La actuación de nuestra diplomacia durante todo el proceso político de predominio chavista pone en evidencia la parcialidad interesada con el oficialismo.

La solidaridad mostrada más allá de lo aconsejable se justificaba en el pasado por la necesidad de contar con el apoyo preferencial de petróleo venezolano.

La subida descomunal del precio de los combustibles fósiles obligó al país a vender por barriles de petróleo el compromiso con las instituciones democráticas.

La conducta prudente exhibida en los años de la dependencia absoluta de Petrocaribe justificaba la posición pragmática de nuestras autoridades.   
La necesidad tiene cara de hereje. El país prefirió en todos los trances internacionales de Venezuela ponerse al lado del chavismo, con razón o sin ella. La apostasía a los principios democráticos se perpetraba sin remordimientos.

La crítica a esta política era difícil, porque también los desconfiados de las bondades del proceso revolucionario reconocían nuestra esclavitud petrolera. La cuantiosa deuda y la necesidad de nuevo abastecimiento disuadían al más heroico.

 El escenario actual no es el mismo. Las condiciones cambiaron. El precio del barril del petróleo se mantiene a precios razonables y recompramos de manera muy ventajosa la deuda acumulada con Petrocaribe. La actitud de Tíso Tom no se justifica.

La degradación de las condiciones políticas, económicas y sociales de Venezuela obliga a cualquier país comprometido con la democracia y un Estado de derecho a levantar su voz para exigir respeto a un pueblo cansado de ser abusado.

El país tomó partido. Los gobiernos no duran para siempre. ¿Qué haremos cuando gane la oposición?