La revolución cubana despertó el interés mundial con Fidel Castro a su cabeza. Castro junto a  un pequeño grupo de revolucionarios armados  desembarcaron, en 1956,  del yate Granma.  Contra todo pronóstico se cumplió el  sueño romántico guerrillero: un pequeño núcleo, casi sin fuerzas iniciales, desencadenó un masivo movimiento social para aplastar al régimen despótico de Fulgencio Batista. 

Pero lo que funciona en un país puede fracasar en otros. Así lo constató  “Che” Guevara, que participó en la campaña guerrillera que culminó  en 1959 con el ingreso triunfal a La Habana,  cuando intentó replicarla sin éxito en Bolivia.

Fidel Castro supo combinar el rechazo a la dictadura de Batista con  las ansías de independencia. Cuba fue, desde que le fue arrebatada a España en la guerra de 1898, una cuasi colonia de Estados Unidos.

Respecto a ese conflicto el presidente norteamericano Theodore Roosevelt comentó con desdén: “No fue una gran guerra, pero es la mejor que hemos tenido”. El anhelo de emancipación nacional cubano fue esbozado por el patriota José Martí, lo que permitió al poeta Nicolás Guillén escribir: “Lo que Martí prometió, Fidel lo cumplió”.

Washington rechazó tempranamente  la victoria de Castro que, a su juicio, presentaba un reto al orden hemisférico. Para acabar con el emergente poder revolucionario, Estados Unidos armó a millares de hombres, en su mayoría cubanos, que desembarcaron en 1961 en Bahía Cochinos con el afán de imponer un gobierno afín. La aventura intervencionista concluyó en una estrepitosa derrota. 

Allí quedó sellada la suerte de Cuba en el corazón de la Guerra Fría. Castró enfrentado a su poderoso vecino se alineó junto a la Unión Soviética que intentó instalar armas nucleares en la isla. Hecho que provocó la llamada “crisis de los misiles”, en 1962, que llevó al mundo al borde de la guerra atómica.

Lo que EE.UU. no pudo conseguir por la armas lo intentó por la vía de un drástico bloqueo comercial. Según el gobierno cubano las pérdidas por el cerco alcanzan a los 116 mil millones de dólares desde que rigen las sanciones.  Las cifras, en todo caso,  no dan cuenta del enorme sufrimiento humano. Cuba enfrentó grandes penurias económicas debidas también a una defectuosa gestión económica. En el plano político todo asomo de oposición fue reprimido sin miramientos. Nunca fueron  permitidas las opiniones disidentes. Unos dos millones de cubanos abandonaron el país. 

 Con todo, Cuba desarrolló sistemas de salud y educación que se cuentan entre los mejores del mundo. Los indicadores de mortalidad infantil y longevidad son comparables a los europeos.

Es probable, en todo caso,  que el éxito más notable de Castro sea haber sobrevivido a la serie de intentos por asesinarlo, así como al empeño de diez presidentes estadounidenses por deponerlo. La porfiada resistencia del proceso cubano es, a la vez, uno de los mayores fracasos de la política de Estados Unidos en América Latina.

Algo que el Presidente Barack Obama reconoció al restablecer relaciones diplomáticas con La Habana. Castro, a los 90 años se extinguió por muerte natural, justificando la consigna voceada por décadas: “Qué tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él”.