La Semana Santa o Semana Mayor es el espacio temporal para el memorial de la muerte y resurrección de Jesús.

 Conviene al cristiano hacer un viaje imaginario a cada tramo de la Pasión para revivirla, vivirla de nuevo con Cristo.

Los cristianos somos o debemos ser corredentores, por eso conviene que hagamos un verdadero compromiso con la reflexión en estos días.

El verdadero sentido del sacrificio en la cruz no se entiende si no nos hacemos otros cristos, el mismo Cristo en el sufrimiento de la crucifixión y en el goce de la resurrección a través del pensamiento.

El arte ha sido medio ideal para transportarnos siglos atrás hasta el momento en el que sacrificamos al cordero de Dios.

Contemplar La Última Cena de Leonardo da Vinci nos ayuda a imaginar esa comida compartida con los apóstoles donde quedó establecida la eucaristía que debemos hacer siempre en su memoria. El pan, su cuerpo. El vino, su sangre. Los dos portadores del Dios escondido que se hace presente en cada misa por el milagro de la consagración.

 El cine, para los que prefieren las imágenes en movimiento, es también un medio eficaz para recuperar la experiencia del calvario. La Pasión de Cristo de Mel Gibson recrea con gran veracidad  los sufrimientos de cargar la cruz. El impacto emocional de observar los efectos de los golpes y la carga nos disuade de colocarle el peso de nuestros placeres excesivos.

  La lectura del evangelio es el medio ideal para conseguir colocarnos en el lugar de Cristo. La fuente primigenia de toda la historia de la entrega humana de Jesús. El testamento verbal desde la cruz que nos lega el perdón y a su madre María a todos nosotros.

La filiación divina que todos por nacimiento tenemos nos obliga a comportarnos como hijos agradecidos a los que solo se nos pide el pequeño sacrificio del recogimiento reflexivo y el disfrute sencillo y moderado.

Esta Semana Santa es una nueva oportunidad que recibimos para reencontrarnos con nuestros principios cristianos. No la pierdas. Donde vayas, quédate acompañando al Señor.