El tema de la salud gana relevancia en el debate público, aunque por las razones equivocadas. El reclamo del personal médico de mejores condiciones de trabajo y un mayor presupuesto para el sector salud, lamentablemente, se interpreta en clave de política electoral y no en clave de política pública, como debería ser.

La culpa de este malentendido es compartida tanto por los médicos como por las autoridades. El contexto electoral en que se produce la demanda hace inevitable el color político de una y otra parte, pero eso no significa que el problema de la salud deba ser enfrentado.

La campaña electoral no debe ni puede detener la necesaria atención a los problemas que más laceran la vida de nuestros ciudadanos. La salud está postrada en urgencias esperando ser intervenida. La operación que debemos practicarle cuesta mucho y se nos dice que no hay dinero.

La rigidez presupuestaria y la insuficiente presión fiscal son señaladas como las dos variables responsables de la falta de recursos financieros. El problema está medio resuelto, porque bastaría actuar para quitar del camino esos dos escollos.

El primero de los escollos, la rigidez presupuestaria causada por una veintena de leyes, podría eliminarse propiciando una reforma legislativa que recupere cierta flexibilidad distributiva de los recursos presupuestarios. El segundo escollo, la presión fiscal, tiene un solución indirecta.

La Estrategia Nacional de Desarrollo ordena la realización de un pacto fiscal que permita un aumento de los ingresos públicos a través de una readecuación de las cargas impositivas y una optimización de las exenciones fiscales.   

 No repitamos el error que postergó por muchos años la inversión en el sector educación. El argumento de la falta de recursos justificaba la falta de soluciones para mejorar la calidad educativa. El dinero apareció para la educación y así tiene que pasar con el sector salud.

El primer paso de esa jornada de mil pasos es recuperar la sensatez de parte y parte. El Gobierno debe estudiar la forma de incrementar el presupuesto de salud y los médicos deben aceptar que no puede ser de golpe y porrazo.