El político venezolano Francisco de Miranda, considerado el precursor de la emancipación americana, dijo al momento de ser apresado por sus propios compatriotas: “¡Bochinche, bochinche! Esta gente no es capaz de hacer sino bochinche”.

La palabra “bochinche” se utiliza en el lenguaje coloquial para describir una situación confusa, desordenada y acompañada de alboroto.

Esa condición es compartida por todos los países latinoamericanos. El mejor ejemplo es Brasil. Los apuros de Dilma con la corrupción son impulsados por los propios corruptos que la justicia persigue. El cambio que se promueve carece de un objetivo profundo y transformador. Es un bochinche que procura la venganza y, de ser posible, la impunidad.

En nuestro país, todavía a distancia de una crisis tan comprometedora, la política se maneja en clave bochinchera. Las declaraciones del candidato a senador Reinaldo Pared Pérez sobre la ratificación de los miembros de la Junta Central Electoral producen un ruido en el menos oportuno de los momentos.

La oposición ha planteado dudas sobre la equidistancia del organismo comicial y semejante opinión no contribuye para nada al fortalecimiento de la confianza.

La promesa de continuidad como reconocimiento a una labor no cocluida puede entenderse como un guiño cómplice para conseguir mayores privilegios de los miembros afines del organismo.

La condición de senador con posibilidades de repetir en la curul y en la presidencia del hemiciclo impide que se tome la declaración a la ligera. La expresión es una muestra de una concepción hegemónica de las instituciones.
La JCE es la institución encargada de planificar, organizar y ejecutar el proceso de expresión de la voluntad del pueblo soberano a través del voto. La conformación de un organismo de tanta relevancia no puede depender de la complacencia de un hombre o un partido.

El medio siglo de construcción de la democracia no ha sido suficiente para imbuir de espíritu democrático a los principales dirigentes. La cabeza del autoritarismo excluyente asoma, de tanto en tanto, su terrible faz. Reinaldo debe rectificar.