El Tribunal Constitucional decidió mediante sentencia anular un conjunto de artículos atentatorios contra la libertad de expresión. La comununidad de la prensa, y todos los ciudadanos preocupados por la libertad, reciben con beneplácito la  trascendental decisión.

 Este tipo de actuación, de cualquiera de nuestras Altas Cortes, justifica plenamente el nuevo diseño institucional puesto en vigencia con la nueva Constitución. La esquiva consecución de un Estado de derecho se torna más cercana por las correcciones a las decisiones que puedan desconocer los principios consagrados en nuestra ley sustantiva.

Una prensa libre es una condición fundamental para el desarrollo y sostenimiento de la democracia. Nuestra larga tradición autoritaria fijó en nuestro orden júridico y práctica política la tendencia a la limitación al ejercicio de la libertad de expresión y difusión del pensamiento. La batalla por la libertad todavía está en curso, pero cada día se hace más visible la inevitable derrota de la vocación autoritaria.

Los artículos anulados son una especie de galería del horror del control normativo de la capacidad de custionamiento garantizada a toda prensa verdaderamente libre. Las instituciones del Estado y sus titulares, por mandato del artículo 30, operarían en un espacio de excesiva libertad, porque cualquier crítica podría ser considerada una difamación o injuria castigadas con pena de prisión.

En el caso de artículo 46, que define  la responsabilidad en cascada, tiene un efecto paralizante de toda la empresa periodística y contribuye a la disminución de delegación de autoridad por parte de la dirección.

El Tribunal Constitucional, no cabe duda, ha tomado una decisión sin precedentes que reafirma el imprescindible principio de que siempre serán preferible los excesos de la libertad que la seguridad de las restricciones. La responsabilidad por lo que se dice es individual y así queda establecido de ahora en adelante. La libertad siempre debe ir unida a la responsabilidad.

Las decisiones de órganos del Estado muy raramente entre nosotros coinciden con las aspiraciones de la colectividad; por eso, cuando pasa, es justo que le tributemos el debido reconocimiento. Este diario reconoce a todos los que hicieron esto posible.