La afirmación de que la justicia anda coja es un axioma, una verdad que no necesita demostración. Lo que sí debe discutirse es quién o quiénes son los responsables de romperle una pierna.

Las voces que señalan al propio poder judicial como único responsable, se equivocan. La justicia está concebida independiente, pero no aislada.

La interacción con actores políticos, económicos y sociales es obligada. Así que la culpa de su minusvalía es múltiple.

La deformidad de la justicia es cosa de siempre. La memoria guarda las imágenes de adormilados ancianos que contagiaban los casos con su sueño eterno.

Las sucesivas oleadas de reformas colocaron jueces despiertos, pero con propósito de pesadilla. La verdad hay que decirla, hoy no estamos mejor que ayer. La fundación de una nueva justicia terminó por convertirse en la fundición de la justicia.

El pecado original en el jardín judicial comenzó, como todo pecado, por la desobediencia. La historia reciente de conformación de las Altas Cortes es la historia de la entrada descarada de la política al Poder Judicial.

La elevación de amiguetes y subalternos para garantizar impunidad condenó a la justicia a arrastrarse por el polvo. El país pedía que no se comiera del árbol de la ambición desmedida.

El poder político, de insaciable apetito, decidió desoír para comerse el fruto prohibido de la independencia judicial. No dejó ni las semillas.

El Consejo de la Magistratura utilizó la balanza para pesar la cantidad de onzas de buenos y malos jueces necesarias para completar la libra judicial. El platillo de los malos jueces pesó más que el de los buenos.

La manzana podrida del compromiso político dañó todo el barril de la justicia. Nada hay más contagioso que el mal ejemplo.

Si arriba presionan por un “no ha lugar” para no enjuiciar, ¿qué puede esperarse de abajo? El diablo paga con diferentes monedas las almas que compra. Las más ambiciosas las compra con poder; y las más necesitadas, con treinta monedas.

La justicia anda coja, pero la dejó así los palos propinados por la búsqueda de impunidad.

La sociedad tiene que empoderarse y ver el toro que es, para no dejarse engañar por el toro que no es. La política es la responsable principal del envilecimiento de la justicia. Saquemos la política del Poder Judicial.