No hay modernidad sin agua potable. En el país la cantidad de agua es un problema para la mayoría de los ciudadanos y la calidad del agua es un problema para todos. El requerimiento de agua para el año pasado fue de unos nueve millones de metros cúbicos para servir la demanda agrícola, industrial y doméstica. La proporción que corresponde al consumo humano es de aproximadamente un diez por ciento del total. Los diferentes gobiernos no han podido resolver satisfactoriamente esta necesidad en cantidad ni en calidad.

El análisis estadístico de las reservas de agua, cuando no nos afecta la sequía, refleja que el agua disponible es abundante, por lo menos en el corto plazo. La actividad depredadora de nuestros bosques y el uso abusivo de nuestras cuencas hidrográficas contribuirán a mediano y largo plazo a reducir esas reservas. El problema del desabastecimiento es causado por la mala infraestructura de almacenamiento, distribución y el desperdicio.

La mayoría de las presas que operan para el almacenamiento del agua son de construcción poco reciente. La cantidad de años en operación y el mal mantenimiento redujeron su capacidad nominal de retención. La tercera parte del líquido represado es consumido en las actividades de riego. La baja calidad de la infraestructura y la ineficiente gestión provocan que el desperdicio de agua ronde el ochenta por ciento del líquido servido. En el caso de agua para consumo humano no es diferente. El proceso de crecimiento horizontal y vertical de las ciudades desbordó la capacidad instalada para su servicio.

La calidad del agua es muy baja. Los datos del monitoreo anual de las aguas servidas por las CAASD arroja el deprimente resultado de un índice de potabilidad que supera pocas veces el ochenta por ciento. Las causas de esta baja calidad es la contaminación de las fuentes de agua por salinidad, pesticidas, aguas residuales y desechos sólidos.

El problema del agua postergado por tantos años requiere de una inversión importante de recursos económicos. El descuido, lo sabemos, es causado por el bajo impacto visual de las obras de infraestructura para el agua. Los políticos dan prioridad a lo que se ve. Ahora eso cambió, porque ahora los ciudadanos dicen: “Presidente, sin agua no hay votos”. El próximo presidente debe dar respuesta a esta necesidad.