Golpear a las mujeres es de poco hombre. Tratarlas mal, también. Revela debilidad, falta de argumentos, mediocridad, bajeza. Pocas reacciones humanas muestran en forma tan cruda lo bajo que puede caer una persona.

Se puede entender una pelea entre hombres. No es la forma de arreglar los problemas, pero se puede comprender en el fragor de una discusión. Quien recurre a la violencia es porque sus argumentos son errados. Pero golpear a una mujer es signo no sólo de su profundo error, sino de su debilidad existencial, su poca hombría.

El tema de la violencia contra la mujer se ha vuelto a tomar las portadas. En actos masivos en distintas ciudades de Latinoamérica, se mostró la indignación denunciando la violencia cobarde e impune contra la mujer.

La violencia física contra la mujer es sólo la punta de una espiral de terror que comienza solapada e imperceptiblemente con los ninguneos, el lenguaje soez, el humor y propaganda sexista. Nos estamos tratando mal, de reacciones violentas ante la menor molestia. Y esto, cuando se da contra la mujer, aumenta. Justamente aprovechando su debilidad física.

De las bromas y palabras hirientes y descalificadoras se pasa rápido al chantaje emocional, al desprecio y humillación. Y de ahí, sólo un paso más a los insultos, gritos, abusos sexuales y violencia física. Quien agrede a una mujer es porque ya ha comenzado mucho antes con pequeñas pero venenosas expresiones de menosprecio y ofensa.

Esta no es una responsabilidad de las mujeres que sufren de violencia, sino que es una conducta aprendida en nuestra cultura y es un problema que debemos afrontar como país, que se debe corregir desde la sala cuna. El buen trato debe ser la regla general. Ser educados, deferentes, respetuosos, no puede ser la excepción.

Si no le piden un piropo, no lo dé. Si le dicen no, es porque es no. ¿Qué parte de la frase no entendió? No puede ser que las mujeres se muevan con miedo e incómodas a plena luz del día; que sientan que son objeto de discriminaciones y acosos. ¿Qué sociedad es ésta? Ojalá que el reclamo contra la violencia contra la mujer nos lleve a tomar conciencia, crecer en respeto hacia ellas y, con ello, entre todos. Y esto, desde la concepción hasta el ocaso natural. El respeto a la vida debe darse siempre, sin excepciones.