La confianza en la JCE se fortalece con cada proceso. Las diferentes mediciones avalan esa afirmación.

La composición actual del organismo garantiza un sano equilibrio operativo, porque están representados los intereses mayoritarios de la población.

La experiencia acumulada por los miembros del organismo es garantía del buen hacer. El fantasma del fraude, se puede decir sin exagerar, quedó en el pasado.

El actual proceso representa para el organismo un desafío importante. La unificación electoral en sus tres niveles, la cantidad de candidaturas y la novedad tecnológica requerirán del mayor espíritu cooperativo.

En la novedad tecnológica radica el mayor desafío. La inclusión de nuevos equipos para identificación de los electores, el conteo de los votos y la transmisión de las actas escalan la posibilidad de error más allá de la voluntad humana.

La prueba realizada con los nuevos equipos dejó un inventario de posibles fallas que el organismo comicial deberá corregir en los pocos días que faltan.

El principal partido de oposición remitió un documento que contiene el informe de sus delegados con respecto a la falta de conectividad, equipos que no funcionaron y la necesidad parcial de escrutinio manual.

Los cambios tecnológicos, para actividades críticas, requieren de muchas pruebas de verificación y del funcionamiento paralelo del viejo sistema para evitar fallas irreparables en el proceso.

Los partidos políticos de la oposición y organizaciones de la sociedad civil, como Participación Ciudadana, están solicitando una rigurosa auditoría a los equipos y la inclusión del conteo manual mediante una muestra científica aleatoria que permita validar los datos.

La JCE aceptó parcialmente las dos peticiones, porque decidió mantener el proceso de auditoría y de validación manual bajo su estricto control.

Lo conveniente sería que el organismo se muestre inclusivo y acepte la cooperación que Participación Ciudadana pueda ofrecer, porque lo que abunda no daña.

La transparencia conviene a todos.