El cese al fuego bilateral entre los bandos enfrentados en el conflicto colombiano pone fin a más de medio siglo de guerra. El proceso que condujo a ese resultado debe servir como modelo de solución de conflictos políticos de cualquier escala y naturaleza a todos nuestros países.

El presidente Juan Manuel Santos definió como el principal objetivo de su administración lograr la paz definitiva. El indudable costo político y personal de la decisión no quebrantó nunca la voluntad firme de perseverar en el propósito. Ese siempre debe ser el primer paso ante todo problema colectivo de difícil solución: la sincera voluntad política de resolverlo.

El segundo paso fue el gesto de acercamiento al contrario para ganar credibilidad y confianza. La selección de su hermano mayor Enrique Santos como emisario portador de la invitación a la conversación fue una muestra de la recta intención. Un Santos para hablar por otro Santos. El medio fue el mensaje: Enrique era Juan Manuel. Las FARC captaron el gesto y aceptaron discutir las bases para un diálogo.

Las negociaciones siempre son territorios desconocidos en los que los interlocutores se pueden perder. La única forma de evitar el desvío es definiendo un mapa detallado con la ruta y sus paradas hasta el punto de destino. Ese mapa fue el documento base que definió los cinco temas del diálogo: desarrollo rural, participación política, desmovilización, narcotráfico y reparación de las víctimas. El tercer paso: La delimitación de los temas evitó la dispersión de la conversación.

La construcción de la historia nunca es un trabajo solitario. El estadista ducho sabe que tiene que rodearse de los mejores colaboradores para conseguir el objetivo. Los que tengan afinidad de pensamiento y aquellos que piensan diferente.

El cuarto paso fue escoger con gran tino a esos hombres: un político conciliador, Humberto De la Calle; un académico con experiencia práctica de Estado, Sergio Jaramillo; un policía conocedor del narcotráfico y la seguridad, el general Oscar Naranjo.

La capacidad de delegación define a los ejecutivos exitosos. El presidente Santos confió el manejo de los detalles a ese grupo de hombres. El quinto y último paso le llevará a la historia: dejar hacer a hombres más capaces con total independencia.

Nuestro país tiene en el futuro cercano el reto de la reconstrucción institucional de nuestro sistema político electoral y judicial. No sería mala idea que el presidente Danilo Medina se inspirara en este modelo de solución de conflictos.