Decía Cicerón: “La corrupción de los mejores, la peor”. La frase alude a la influencia que poseen los colocados por el azar o la fortuna en posiciones de privilegio. La capacidad de contagiar con su  mal ejemplo a los demás es directamente proporcional a la jerarquía que ocupan en la sociedad.

El exalcalde de la ciudad de New York, Rudolph Giuliani, expresó que para terminar con la delincuencia era necesario eliminar la corrupción en los altos niveles de las instituciones de seguridad. La frase recoge la no tan obvia idea de que todo proceso de descomposición social comienza regularmente de arriba hacia abajo y muy pocas veces de abajo hacia arriba. La autoridad amoral deforma el cuerpo de cualquier institución, creando una cultura permisiva de difícil eliminación.

Giuliani habla respaldado por los resultados de su larga y fructífera carrera. El trabajo que realizó como fiscal del distrito sur de New York le permitió acumular una gran experiencia luchando en contra de la corrupción, el crimen organizado y el narcotráfico.

Los logros acumulados como fiscal del distrito, donde ganó más de cuatro mil casos y perdió solo veinticinco, le dieron la comprensión del fenómeno delincuencial.

Esa experiencia, junto a una teoría, lo llevó a solucionar el problema de la alta criminalidad de New York. La teoría que sirvió de base a la política de tolerancia cero fue la concebida por James Q. Wilson y George Kelling.

La idea central de esta teoría es atacar los problemas mientras se mantienen pequeños. La policía, a través de agentes encubiertos y agentes a caballo en la ciudad, empezó a atacar la ratería de los limpiadores de cristales, los carteristas de Times Square y los grafitis del Metro. El crimen se redujo a la mitad después de dos años de esfuerzos consistentes.

La entrada de este prestigioso político como un factor en la campaña electoral es una oportunidad para elevar el debate sobre la preocupación más importante de los electores de todas las clases sociales. Las ideas buenas para solucionar un problema deben aceptarse sin importar del litoral político que provengan.

El plan de esta asesoría debe ser valorado por todos los dominicanos sin importar el color de sus preferencias partidarias.