El Gobierno incluyó en el proyecto de Ley de Presupuesto General del Estado el cobro por adelantado de un cincuenta por ciento del ITBIS  de las maquinarias, materias primas y bienes importados.

Las autoridades argumentan que el cobro en aduanas reduciría los niveles de evasión de este impuesto. La lógica de este razonamiento es la misma que justifica el adelanto del uno por ciento del Impuesto Sobre la Renta de las empresas.

La decisión fue tomada por las autoridades de manera unilateral y solo considerando los beneficios para el erario. Los efectos negativos sobre las actividades productivas no fueron sopesados.

Las últimas decisiones de las autoridaes, miradas en conjunto, ponen en evidencia una necesidad extrema de dinero para viabilizar el presupuesto nacional.  

El Gobierno –colocado en la disyuntiva de dos imposibilidades, la de recortar gastos o aumentar ingresos– optó por una tercera: adelantar ingresos.

El problema es que en materia de impuestos no hay medida sin costos. La diferencia entre cobrar el ITBIS antes de la fabricación y cobrarlo después de la venta del producto terminado tiene serias implicaciones económicas.

El sector empresarial, en un comunicado público, describió los posibles efectos negativos de la medida sobre las actividades productivas y la economía en general.

El primer efecto nocivo sería la descapitalización de los actores productivos medianos y pequeños, como resultado de pagos realizados contra operaciones de ventas no realizadas.

El segundo efecto sería la desventaja competitiva ante productos importados que no pagan el ITBIS. Las autoridades estarían establecinedo un incentivo negativo para la producción nacional y un reforzamiento positivo de la actividad importadora.

El tercer efecto negativo sería la disminución de la seguridad jurídica, el deterioro del clima de inversión y el estancamiento de la creación de empleos.

El Gobierno está obligado a repensar su decisión a partir de estos argumentos. Las necesidades presentes no se pueden cubrir a expensas de las  posibilidades futuras.

Las decisiones fiscales desesperadas –este adelanto lo es– destruyen la confianza de los actores económicos.