El Bloque de Partidos Opositores  informó este miércoles que el coordinador de la mesa del diálogo político, monseñor Agripino Núñez Collado, comunicó cuales son los miembros escogidos para integrar la nueva Junta Central Electoral.

Los nombres propuestos, y que de acuerdo con la oposición aceptados por el presidente Danilo Medina, son Julio César Castaños Guzmán, Carmen Imbert Brugal, Roberto Saladín, Freddy Bolívar Almonte y Henry Mejía.

El bloque opositor definió como inaceptable la composición propuesta por considerar que, por lo menos, tres de los posibles miembros mencionados tienen vinculaciones y simpatías con determinados dirigentes políticos.

En el caso de Henry Mejía y Freddy Bolívar Almonte existe el grave obstáculo de haber sido sometidos y sancionados en un juicio político por mala conducta y faltas graves en sus funciones.

La sociedad reclama y espera ser complacida con la conformación de un organismo electoral escogido a través de un consenso transparente, y en el que la composición de su membresía no responda a la lógica del reparto.

Los hombres y mujeres escogidos para enfrentar la complicada tarea de recuperar la credibilidad de la JCE no solo deben de estar libres de cualquier lazo de dependencia o simpatía con partidos políticos, sino aceptados por todos los actores del sistema.

El pasado reciente está repleto de lecciones sobre el proceder que tenemos que evitar. El país no gana nada con colocar como presidente de JCE a una figura de incuestionable calidad moral, pero acompañada por una mayoría de miembros que responda a una voluntad externa al organismo.

En los organismos colegiados, como la JCE, el poder real lo ostenta el que tenga el control de la mayoría de miembros. La mecánica de tres votos contra dos es conocida. La alineación sin cuestionamientos de una mayoría de los miembros tiene unos efectos perversos sobre la calidad operativa de la institución.

La política criolla sufre de gatopardismo, porque siempre cambiamos las cosas para que todo siga igual. El partido oficial debe entender que en esta ocasión el modelo de una JCE controlada no es aceptable.

La gobernabilidad requiere de una generosa voluntad de concertación para darle al país la buena noticia de la conformación de una JCE para los ciudadanos y no de los partidos políticos.