El Gobierno aprobó este jueves el proyecto de Presupuesto y Ley de Gastos Públicos para el año 2017 por la suma de RD$711 mil 399 millones. Las prioridades del gasto público definidas por las autoridades corresponden a los sectores educación, salud y seguridad ciudadana.

El debate público presupuestario oscila siempre entre la esperanza y la decepción. El país espera que el presupuesto responda con creatividad a la jerarquía de prioridades de los ciudadanos, pero siempre se aprueba un presupuesto que responde a la tradición de copiar y pegar. El presupuesto se convierte cada año en una oportunidad perdida.

La conciencia que existe sobre las deficiencias en la instancia oficial es alta, pero no se emprende el imprescindible camino de la reforma operativa para planificar, formular, ejecutar y controlar un presupuesto.

Los cambios normativos realizados en los últimos años impactaron más la forma de presupuestar que el contenido mismo del presupuesto. Lo urgente en materia presupuestaria, que es conseguir la aprobación congresual a tiempo, se traga lo importante, que es definir una política de asiganción de recursos financieros alineada con los objetivos nacionales.

El mecanismo tradicional que todavía domina la dinámica presupuestaria se caracteriza por asignaciones que no muestran correspondencia entre los bienes y servicios provistos por el Estado y las demandas ciudadanas; repetición de las asignaciones históricas sin un análisis sobre la efectividad; baja ejecución efectiva de los recursos asignados; incentivos a gastos injustificados para ejecutar el presupuesto y no perder la partida asignada en los años futuros; y asignaciones a unidades prestadoras de servicios que no cuentan con la capacidad de ejecución de los asignado.

La filosofía de asignación de recursos que impera es la de asignación incremental de un año a otro. La complejidad y amplitud de los problemas de la sociedad requiere de un abordaje diferente. Los recursos públicos siempre serán insuficientes hasta que no empecemos a asgnar recursos por resultado.

La Dirección General de Presupuesto tiene un plan bien estructurado para lograr esa reforma, pero necesita colocar lo importante sobre lo urgente. El país no puede seguir operando con un presupuesto que por cubrir muchos problemas no termina por solucionar ninguno.